Cuando chicos, en las reuniones sin pelota, pero con música se solía jugar a Verdad-Consecuencia. El que elegía la primera debía responder una pregunta inesperada y no podía mentir; el que optaba por la segunda, tenía que cumplir la orden que le daban los otros.

Ayer, José Alperovich eligió Verdad. No hay reforma de la Constitucional y, por lo tanto, no hay nuevas reelecciones.

Fue un balde de agua fría. En la Legislatura había dejado muy claro que antes de que estallen los cohetes de fin de año había tres temas en agenda: 1) La designación de jueces. 2) El presupuesto y 3) La reforma.

El anuncio se anota en el haber de la gestión alperovichista. Gana porque le da la razón a los que reclaman una mejor calidad institucional, que, además, son los que suelen darle la espalda. Gana porque evita un tema que divide aguas antes de los comicios presidenciales. Gana porque desarma argumentos opositores. Gana porque dejó de ser un tema personal de él y pasó a ser de los casi 300 políticos que necesitan de la reelección para seguir vivos. Y, en todo caso, tiene tiempo para una reforma si empieza a sentir que flaquea su poder. Si llega ese momento, elegirá consecuencia; y aprenderemos que la verdad también tiene patas cortas.