BUENOS AIRES.- El gobierno ha comenzado de manera silente a desarrollar el ajuste de variables económicas que se deberá cristalizar no más allá del primer trimestre de 2012. Al menos de manera discursiva, la administración Kirchner está preparando el terreno y a la sociedad a vivir en un ambiente económico más adverso.

El modelo "K" pasó desde el Olimpo a la penumbra de la crisis. Del blindaje a la total desprotección en cuestión de días. Es preferible repartir culpas y atribuir al "monstruoso" mercado las responsabilidades del ajuste: Estados Unidos, Grecia, Irlanda, Portugal, España, Italia y los bancos internacionales. Todos serán culpables, menos el modelo "K". Todo lo que venga detrás se tratará de "un golpe del mercado", o de "no tenemos otra alternativa más que ajustar", dirán las nuevas voces del oficialismo. Lo que no se dirá, será que el modelo "K" no resistió la crisis porque no estaba preparado. Lo que no se dirá será que el despilfarro de recursos durante la gestión de los Kirchner es el gran responsable de un nuevo ajuste. En la Argentina de comienzos de siglo, todo se hizo bien y el que diga lo contrario será condenado por el discurso unívoco que gobierna el país desde la Casa Rosada junto con su cadena propagandística de medios afines. Los ganadores del modelo critican, pero no tanto. Al punto que cuando se dan cuenta, retroceden y utilizan la misma letra de las arengas oficialistas. Eso le pasó al presidente de la Unión Industrial Argentina, José de Mendiguren, quien ensayó semanas atrás una crítica sobre el modelo económico y por estos días, le baja el tono a la polémica apuntando sobre los medios: "hay que quitarle dramatismo a esta situación. Hay títulos en los diarios muy fuertes sobre una realidad que no es tan así". Tal vez se olvidó de explicar la otra parte de la realidad, la de una sociedad que padece una altísima inflación originada en las fallas del modelo y alimentada desde los sectores formadores de precios que el representa y que cuentan con un excesivo proteccionismo oficial. De lo contrario, como se explica que muchos precios de la economía estén más caros que en países ultradesarrollados como los EEUU, Canadá o la Unión Europea. Sólo basta con observar los balances de las compañías formadoras de precios para apreciar las ganancias que obtuvieron para poder entender el modelo fascista argentino siglo XXI, las nuevas alianzas del sector empresario, los bancos y los sindicatos con el gobierno, a costa del bolsillo de la población. ¿Cómo es posible semejante sumisión al poder cuando la crisis amenaza con llevarse a las mismas empresas? El valor de las acciones en la Bolsa porteña cayó 30% en lo que va de 2011 aunque si se la ajusta por inflación esa descapitalización bursátil ronda el 50%. Pero el ajuste sigue adelante y estará legitimado luego del resultado electoral. Comenzó ya con la supresión de los subsidios al consumo de gas y electricidad por el cambio estacional. Esta supresión de los subsidios se mantendrá cuando comience el otoño y se convertirá en un solapado ajuste de tarifas que golpeará sobre el bolsillo de la sociedad.

No quedarán al margen del ajuste las tarifas del transporte que aun cuando son irrisorias no conlleven un aumento de su valor. Las mayores necesidades de importar combustibles llevarán también a que los carburantes líquidos muestren una tendencia alcista. Los servicios aumentarán sus precios puesto que sus insumos -tarifas y transporte-, se han incrementado. En este marco, el Estado también aumenta la presión fiscal por defecto, al no adecuar los montos imponibles a la marcha de la inflación, perjudicando a los sectores de menor poder contributivo como monotributistas y autónomos.

La fuerte salida de capitales -se estima que en 2011 se habrán fugado U$S 20.000 millones-, obligará al gobierno a recomponer la paridad cambiaria, en función de sus necesidades de cancelación de la deuda y de estrechar los controles sobre el mercado cambiario. La caída en la actividad en Brasil jugará en favor de una rápida corrección de variables. La descapitalización del Banco Central, de la Anses -producto de la caída de precios en la cartera confiscada a las ex AFJP-, del Banco Nación y del PAMI -cuando le colocan Letras del Tesoro-, llevarán al gobierno a corregir la principal variable de la política de ingresos, para licuar los pasivos. Así, deberá adecuar la paridad cambiaria a niveles necesarios como para poder cubrir sus pasivos -gasto público, deuda y base monetaria-, para no dejar caer la actividad.

La otra cara del modelo "K", el fin de la ilusión. Pero la culpa será de ese enemigo intangible y silencioso, de esa pesadilla monstruosa. La culpa será del mercado.