Dice Piñón Fijo que sintió el temblor, sí, pero que no tuvo ni tiempo de asustarse. Sucede que son pocos los momentos libres que encuentra el payaso más conocido del país. Hoy trae a Tucumán su espectáculo -"Piñón Fijo es mi nombre"-, en el marco de una gira que lo paseó por todo el norte. En nuestra provincia las horas le rendirán todavía menos: los cuatros shows que había programado no fueron suficientes para la altísima expectativa que causó, por lo que debió agregar otros dos. Gracias a las seis funciones que completará en tres días indica que está feliz de regresar a estas tierras.
"Tucumán me abraza siempre con calidez, allí nos sentimos muy locales. Se arma un clima muy lindo, no sólo con el público sino también con la gente del teatro. Por eso es un placer volver", apunta desde Salta.
- ¿Con qué frase o gesto te sorprendió alguna vez un niño?
- Es muy placentero y milagroso para mí armar alguna idea en la intimidad de mi casa y luego ver cómo los chicos repiten mis gestos. Eso me conmociona mucho, a veces me quedo sin voz por la emoción. Hace poquito estuve en Aguilar, un pueblo jujeño que está a casi 4.000 metros de altura, y entre el público había chiquitos de toda la zona. Realmente no pude contener la emoción de ver a los niños cantando "Una luna en la laguna", que habla justamente sobre la Puna, haciendo propia una canción que yo había escrito en mi casa. Esa emoción se acrecienta con el correr de los años; me ha pasado de recibir a papás muy jóvenes que me cuentan que de niños ellos escuchaban mis temas. Eso es un milagro.
- ¿Es más exigente el público infantil que el adulto?
- Yo no trabajé mucho para los adultos, pero sí puedo decir que los niños son muy exigentes. No desde la queja o la palabra, sino desde la actitud: uno los puede seducir, y se quedan, o provocar que se dispersen. El hilo de la atención es muy finito, por eso trato de que el show no sea una simple seguidilla de canciones, sino de que incluya sketches, malabarismo, recursos interactivos y, fundamentalmente, algo visual.
- Tus canciones son instructivas. ¿Los padres sugieren temas para que sus hijos aprendan?
- A veces sí, pero trato de alejarme un poco de ese deber y me conformo con que mis canciones sean una herramienta para que los verdaderos educadores, que son los padres y maestros, las usen y enseñen a partir de ellas. Los temas van prendiendo en los niños según la etapa por la que van pasando, como los que hablan de dejar la mamadera o el pañal, y en ese sentido uno siempre está atento a los mails y comentarios que los padres dejan en mi página web. Recuerdo que a mis hijos los crié con las canciones de María Elena Walsh y ya entonces entendía que estas eran una herramienta educativa muy rica. Entonces, cuando me tocó a mí componer, humildemente seguí esa huella.
- Sos reservado con tu familia, pero tus hijos actúan en los shows. ¿Cómo diste ese paso?
- Sí, Sol y Jeremías me acompañan en el escenario desde hace un año y medio. Mientras fueron niños y adolescentes marqué una política de reserva, y cuando surgió la posibilidad de que formen parte del espectáculo les planteé la idea de que usaran una caracterización. Es algo que a mí me ha dado muy buenos resultados porque conserva la magia del personaje. Pero ellos, que tienen 22 y 24 años, decidieron que están preparados para la exposición y que eso les gusta. Es muy lindo trabajar con ellos, sobre todo teniendo en cuenta que he pasado mucho tiempo fuera de casa y me perdí de muchas cosas.
- ¿Tenés miedo a envejecer?
- No, creo que el paso del tiempo es enriquecedor más que temerario. Soy un agradecido de la vida, por el hecho de tenerla, de poder transcurrirla. Será que ha sido muy placentera gracias a mi actividad. Mis miedos son los comunes: que a mis seres queridos les ocurra algo extremo, por ejemplo. De todos modos, sé que todas las situaciones implican aprendizajes y que muchas veces nos hacemos drama por cosas muy superfluas.
- Decís que sos un agradecido, ¿por qué seguís pintándote lágrimas en las mejillas?
- Esas no son de tristeza, sino de emoción y agradecimiento. Soy bastante llorón, pero mis lágrimas tienen que ver con un desborde de alegría.