Desde tiempos inmemoriales, la basura está íntimamente relacionada con la vida cotidiana de una buena parte de los tucumanos, que tienen la mala costumbre de arrojar residuos en cualquier parte. Según las autoridades, los vecinos de San Miguel de Tucumán producen diariamente 450 toneladas; el 30% de la basura que se tira es material seco que podría reciclarse; son 280 las toneladas de desperdicios se generan en el centro de la ciudad.
En nuestra edición del domingo, con motivo del Día del Recolector de Residuos, difundimos un informe efectuado en agosto pasado por TNS Gallup acerca del reciclado y la separación de residuos sobre un universo de 1.008 entrevistados. Se indica que el 53% de la población poco o nada sabe sobre asuntos relacionados con el tratamiento, la separación y el reciclado de la basura. Sin embargo, seis de cada 10 argentinos se manifestaron muy interesados en recibir información al respecto. En referencia a las conductas, el sondeo señala que dos de cada 10 argentinos afirman tener el hábito regular de separar la basura entre reciclables y no reciclables y disponerla en bolsas separadas. Según el estudio, aquellos que declararon no separar la basura regularmente, dijeron que no lo hacían porque los desechos no se recolectan en forma separada (30%). Indicaron que nadie lo hace y por eso ellos tampoco (17%), mientras que un 14% dijo que no se le había ocurrido. Un 12% expresó que no había una directiva clara por parte del gobierno sobre la separación de residuos (12%) y por último, un 5% dijo que no ve necesario hacerlo.
En nuestra capital, la idea de concientizar a la ciudadanía sobre la importancia de separar los residuos en orgánicos e inorgánicos comenzó el 28 de enero de 2008. En nuestra edición del 18 de febrero de ese año, informábamos que los vecinos de los 126 edificios ubicados en el cuadrante delimitado por avenida Roca, Ayacucho, Las Piedras y avenida Sáenz Peña debían sacar sus residuos en contenedores, dando así inicio a la segunda etapa del Programa Especial de Higiene Ciudadana. "La aceptación de la población al cambio del horario de la recolección fue del 96,88 % y con respecto a la compra y uso de los contenedores fue del 67 %", dijo entonces el subsecretario municipal de Servicios Públicos. En mayo de ese año, se anunciaba que el Programa se iba a extender hacia fin de año a toda la zona céntrica y que también tenía el objetivo la erradicación de los carros y de los cartoneros que desparraman los desperdicios para clasificarlos y llevarse lo que les sirve. En 2009, se inició la primera etapa del Proyecto Urbal III, promovido por la Unión Europea, que impulsaba que los vecinos separaran y llevaran a las escuelas los residuos de plástico. Estos serían vendidos para su reciclado y el dinero volvería a los establecimientos para la compra de útiles e insumos escolares.
Sin embargo, la falta de perseverancia que, al parecer, está arraigada en nuestra clase dirigente y el poco apego a hacer cumplir las normas conspiraron seguramente para que la ciudadanía incorporara este hábito. Como afirmamos en otras oportunidades, la educación es el punto de partida para desterrar las malas costumbres, pero esta debe ser acompañada con el acatamiento de las normas, la constancia de las campañas de concientización. De ese modo, nos preocuparíamos por cuidar el medio ambiente y vivir sin suciedad.
En nuestra edición del domingo, con motivo del Día del Recolector de Residuos, difundimos un informe efectuado en agosto pasado por TNS Gallup acerca del reciclado y la separación de residuos sobre un universo de 1.008 entrevistados. Se indica que el 53% de la población poco o nada sabe sobre asuntos relacionados con el tratamiento, la separación y el reciclado de la basura. Sin embargo, seis de cada 10 argentinos se manifestaron muy interesados en recibir información al respecto. En referencia a las conductas, el sondeo señala que dos de cada 10 argentinos afirman tener el hábito regular de separar la basura entre reciclables y no reciclables y disponerla en bolsas separadas. Según el estudio, aquellos que declararon no separar la basura regularmente, dijeron que no lo hacían porque los desechos no se recolectan en forma separada (30%). Indicaron que nadie lo hace y por eso ellos tampoco (17%), mientras que un 14% dijo que no se le había ocurrido. Un 12% expresó que no había una directiva clara por parte del gobierno sobre la separación de residuos (12%) y por último, un 5% dijo que no ve necesario hacerlo.
En nuestra capital, la idea de concientizar a la ciudadanía sobre la importancia de separar los residuos en orgánicos e inorgánicos comenzó el 28 de enero de 2008. En nuestra edición del 18 de febrero de ese año, informábamos que los vecinos de los 126 edificios ubicados en el cuadrante delimitado por avenida Roca, Ayacucho, Las Piedras y avenida Sáenz Peña debían sacar sus residuos en contenedores, dando así inicio a la segunda etapa del Programa Especial de Higiene Ciudadana. "La aceptación de la población al cambio del horario de la recolección fue del 96,88 % y con respecto a la compra y uso de los contenedores fue del 67 %", dijo entonces el subsecretario municipal de Servicios Públicos. En mayo de ese año, se anunciaba que el Programa se iba a extender hacia fin de año a toda la zona céntrica y que también tenía el objetivo la erradicación de los carros y de los cartoneros que desparraman los desperdicios para clasificarlos y llevarse lo que les sirve. En 2009, se inició la primera etapa del Proyecto Urbal III, promovido por la Unión Europea, que impulsaba que los vecinos separaran y llevaran a las escuelas los residuos de plástico. Estos serían vendidos para su reciclado y el dinero volvería a los establecimientos para la compra de útiles e insumos escolares.
Sin embargo, la falta de perseverancia que, al parecer, está arraigada en nuestra clase dirigente y el poco apego a hacer cumplir las normas conspiraron seguramente para que la ciudadanía incorporara este hábito. Como afirmamos en otras oportunidades, la educación es el punto de partida para desterrar las malas costumbres, pero esta debe ser acompañada con el acatamiento de las normas, la constancia de las campañas de concientización. De ese modo, nos preocuparíamos por cuidar el medio ambiente y vivir sin suciedad.