Un simple cambio de actitud ante una situación difícil o adversa que nos toque vivir (aceptarla y sacarle provecho en vez de resistirla a costa de sufrimiento y hasta de enfermedad); un simple cambio de punto de vista, como asumir que quien nos relega, a lo mejor, nos está protegiendo (o liberando); la simple elección de actuar; de hacer en vez de adoptar una postura pasiva. Estas cosas, de las que prácticamente todos seguramente tenemos experiencias, permiten afirmar que el ser humano es capaz de construir la realidad que lo rodea. Porque esa realidad cambia según el modo en que nos paramos en la vida, en el mundo, y ante nuestras relaciones interpersonales. Son nuestros pensamientos los que en gran medida han creado y crean continuamente nuestro mundo. Y esto no lo dicen sólo quienes se dedican a prácticas espirituales. También lo afirma la ciencia: "la zona prefrontal del cerebro, el lugar donde tiene lugar el pensamiento más avanzado, donde se inventa nuestro futuro, donde valoramos alternativas y estrategias para solucionar los problemas y tomar decisiones, está tremendamente influida por el sistema límbico, que es nuestro cerebro emocional. Por eso, lo que el corazón quiere, la mente se lo acaba mostrando", afirma el cirujano madrileño Mario Alonso Puig, autor de varios libros sobre liderazgo, creatividad y gestión del cambio.