BUENOS AIRES.- Las pruebas que complican al delegado ferroviario de la línea Sarmiento Rubén Sobrero radican en las afirmaciones de un indigente que está procesado en esta misma causa por incendiar los trenes, en el relato de un agente de inteligencia de la Policía Federal y en los testimonios de dos vecinos.
Con estos elementos, Mariano Amaduri, que es el secretario interinamente a cargo del Juzgado Federal de San Martín, firmó las órdenes de captura. El juez Juan Yajl, operado de vesícula, se reintegrará el lunes para indagar a los detenidos.
El 2 de mayo, cuando ardieron los trenes, el Gobierno denunció que se trataba de un ataque organizado, pero en el expediente no había evidencias de que esto. El 7 de julio, la ministra de Seguridad, Nilda Garré, y el secretario de Transporte, Juan Pablo Schiavi, convocaron una conferencia de prensa para anunciar que el ataque había sido un sabotaje. Tampoco había pruebas.
Hasta hace unos días, cuando el caso tuvo un vuelco. El procesado Alan Skrobacki, a quien lo detuvieron con un encendedor en la mochila y un desodorante en aerosol, se presentó espontáneamente ante el juez y le confesó que días antes del 2 de mayo un tal "Leo" le ofreció dinero "para hacer quilombo".
Se trataría, según su relato, de Leonardo Portorreal, mano derecha de Sobrero. Explicó que conocía a los ferroviarios porque vivía en la calle y dormía en los trenes. Contó que le ofrecieron $ 100 de adelanto. Otra evidencia que evaluó el juzgado es la declaración de un cabo de la Policía Federal, agente de inteligencia, que participó de la detención de Skrobacki, que dijo que el acusado le había confesado que le habían pagado por quemar los trenes. Toda la información fue consignada en la edición impresa de hoy del diario "La Nación". (Especial)