Por Hanns Jochen Kaffsack - Agencia DPA

Da muestras de estar cansado y hace tiempo que ya superó su cenit político. Silvio Berlusconi no tiene ahora motivos para resplandecer. Juzgado por casos de corrupción, en medio de escándalos sexuales y con Italia inmersa en la crisis económica, intenta gobernar su coalición de centroderecha para llegar al final del mandato. Ante este panorama, Il Cavaliere tuvo poco que celebrar ayer, al cumplir 75 años.

Entre resignado, furioso y cada vez con más dudas, el primer ministro se enfrenta con las dificultades de un "país de mierda", como él mismo definió a Italia, supuestamente, en una conversación telefónica. Los duros paquetes de recortes obligan, sobre todo, a las clases más modestas a apretarse de nuevo el cinturón. Pese a ellos, Standard & Poor?s rebajó la calificación de su deuda por "falta de capacidad de acción". La izquierda reclama casi a diario su dimisión, para salvar lo que aún quede por rescatar; y su socio de la populista Liga del Norte, Umberto Bossi, tampoco se lo pone fácil.

El brillo del que en una época fuera el "eterno ganador" se apagó (este año perdió elecciones regionales y un referéndum), y ya pocas consignas de ánimo pueden ayudarle. El empresario milanés repite que piensa terminar su carrera en 2013 y sólo tiene un argumento para continuar hasta entonces: un cambio de Gobierno en medio de la crisis, sumergiría aún más en el caos a Italia. Pero es precisamente falta de credibilidad lo que se le achaca a Roma y, sobre todo, a él, al que tampoco le ayudan sus viejas amistades con líderes como el libio Muamar Gaddafi.

El país mediterráneo está paralizado. En política interna gira sobre sí mismo -es decir, sobre Berlusconi- y a nivel internacional cada vez cuenta menos, porque se lo mira con recelo o se lo rechaza. Llegado desde el mundo de los negocios hace 17 años (comenzó como animador de cruceros, pasó por el sector inmobiliario y llegó al imperio mediático), el premier consiguió mantener dividida a la oposición y conservar a su gente a base de prebendas. Ahora, se jacta de poder retirarse a la vida privada en su yate; pero, de hacerlo, ¿quién lo protegerá de la Justicia con leyes hechas a su medida?

"Nadie puede compararse conmigo, ni en Europa ni en el mundo", dijo en una ocasión. Resultó ser cierto, aunque no en el sentido al que se refería. Gracias a la cirugía estética, Berlusconi no parece más viejo pero tampoco más sabio.