A pesar de los cambios que se vienen implementando a nivel nacional con respecto al tránsito, los riesgos siguen siendo altísimos en las rutas tucumanas, en las que, tal como todo lo indica, se van a registrar en 2011 tantos accidentes como en los dos años anteriores, con su secuela luctuosa. La tragedia de la madre superiora del Colegio Guillermina, María Jesus Lasterre, fallecida en un choque frontal ocurrido hace una semana en la ruta 9 a la altura de Romera Pozo, ha puesto de manifiesto la gravedad de un problema al que no se le encuentra solución pese a las buenas intenciones expuestas por los funcionarios.
Un rápido repaso por el fenómeno indica que el 75% de los percances viales ocurre en las rutas, según el Instituto de Seguridad Vial; la mayoría, también, en las rutas nacionales (las de más circulación); y es en la zona sur de la provincia donde hay los mayores riesgos. La Dirección Provincial de Transporte ha detectado 42 puntos negros, que es donde se concentran los accidentes. La ruta 38 (con su continuación provincial, la 301) es la más problemática, debido a que tiene un tránsito tan variado como intenso y a que, en algunas poblaciones y ciudades, se convierte en una avenida. Le sigue en riesgo la ruta 9 y luego la 157. Varias carreteras provinciales, por otra parte, tienen alto nivel de percances, como la 323 y la 304. En los lugares en que el pavimento está en buenas condiciones y las rutas están saturadas de vehículos, las causas son la alta velocidad y el error humano; en otras zonas la peligrosidad está dada por la falta de pintura pavimental y de señales y por el hecho de que el pavimento está muy poceado.
La confusión de las carreteras como caminos de la producción (por ellas transitan camiones y rastras cañeras con lentitud alarmante, en contraste con la también preocupante alta velocidad de los otros vehículos) y como vías de comunicación entre ciudades, así como avenidas de muchas poblaciones, lleva a que la cuestión se vuelva más complicada. No está claro quién debe hacer el control; de hecho, un funcionario de Transporte se queja de que no reciben colaboración de las municipalidades para los controles de vehículos, sobre todo de motocicletas. Asimismo, los funcionarios afirman que no tienen capacidad operativa para cubrir todos los puntos de riesgo y suelen concluir que hay un problema cultural que, acaso, podría comenzar a resolverse después de mucho tiempo de intensa educación vial y después de que se implemente totalmente el sistema de carnet por puntos.
Parece que el asunto debería generar una preocupación de nivel más alto que el meramente municipal o de Transporte. Puesto que afecta a los tucumanos -todos están en riesgo de tener un accidente en las rutas- tanto gobernantes como legisladores y concejales tendrían que sentarse a debatir con las fuerzas vivas de la comunidad las salidas para esto, deponiendo los intereses particulares que terminan transformando todas las discusiones en una especie de teléfono descompuesto en el que cada uno se exime de responsabilidades.
En otros lugares del mundo y del país se ha logrado mejorar las cosas, una vez que se ha dado al asunto la importancia que se merece y se ha dotado a los responsables de control y de educación de los elementos y del personal adecuados y necesarios para que cumplan con su función. La gran verdad en nuestro medio es que el tránsito, pese a todas las declamaciones, es considerado un asunto secundario, pese a que causa tantos daños y tantas muertes.