En plena luna de miel en Vietnam concibió a su hija mimada: Hanoi, una lámpara en acrílico termoformado inspirada en la figura de un hombre de esas tierras con un sombrero. Con esa genialidad de una sola pieza, el diseñador argentino Federico Churba expuso el año pasado en la Feria del Mueble de Milán, donde la empresa italiana Prandina le propuso fabricarla. Ese fue el primer sí de otros tres que salieron de la boca del autor durante su exitoso 2010. Con esa inmejorable primera experiencia, Churba volvió este año a la Feria del Mueble, el emporio del diseño internacional donde diseñadores e industriales cazan talentos nuevos y obtienen licencias de fabricación.
Invitado por los organizadores del Espacio Dar, la muestra anual de diseño y arquitectura que se está desarrollando en el monumental edificio de San Martín al 700, Churba se presentó para resumir sus 10 años en el diseño industrial y describir los hitos de su obra -prolífica por cierto-, sus procesos y sus fuentes de inspiración, sorprendentemente simples y cotidianas. Es que en su sistema de creencias, la creación empieza en la observación del mundo, explorarlo, habitarlo y aprender de él.
- ¿Cuáles son tus desafíos hoy a la hora de diseñar y cómo fueron evolucionando?
- Fueron evolucionando conmigo como persona. Quizás en mis inicios me interesaba más la experimentación, la búsqueda de productos, materiales y procesos alternativos. Hoy entiendo al producto como parte de un sistema productivo, de un mercado, de una forma de venderlo, de exhibirlo, de fotografiarlo.
- Esa es tu evolución, ¿y la del diseño en general?
- Similar... Antes había una realidad de autor más fuerte, hoy el producto tiene otras necesidades: de fabricación, de distribución, de construirse con materiales sustentables... Todas esas cosas hay que tener en cuenta en el momento de la proyección empresaria. El producto y el diseñador forman parte de un esquema mucho más amplio, no son sólo "el producto y el diseñador". Creo que esa es la concepción actual.
- En la charla dijiste que el mercado termina teniendo la razón...
- El mercado tiene la razón si el propósito es vender un producto. Puede ser un diseño del que uno esté enamorado, un objeto hasta premiado o archipublicado pero que no se venda. Hay que saber cómo uno mide éxito y fracaso. Todo esto si uno entiende el diseño de productos como lo que es, como un medio para que las empresas diferencien su producción, para solucionarles la vida a los usuarios... Te estoy corriendo todo el lado más romántico del diseño al plano liso y llano de la realidad.
- Y hablando un poco del plano romántico, ¿qué cosas son las que te inspiran?
- Ojalá uno pudiera saberlo para ir a buscarlo, inspirarse y ponerse a trabajar. En general, los viajes son sin dudas fuente de inspiración, tener nuevas vivencias, nuevas experiencias. Pero sobre todo el observar. En la primera clase del día uno del CBC, Flora Manteola (reconocida arquitecta y docente porteña) decía frente a 700 estudiantes, entre los cuales yo era uno, que hay que aprender a desarrollar la mirada. En ese momento me sonó una frase romántica, linda, pero con el tiempo entendí que eso es fundamental y que eso es lo que hace a la esencia del diseño. Un diseñador tiene que saber mirar, y después proponer a partir de la observación.