SAN PABLO.- La presidenta del Brasil, Dilma Rousseff, afirmó que la lucha contra la corrupción en su Gobierno no es una "limpieza" sino una constante, pidió a los medios de comunicación que dejen de "satanizar" a los políticos y defendió a los partidos aliados del oficialismo.
"No soy rehén de nadie; hay que tener mucho cuidado en Brasil para satanizar a la política. Mis aliados son personas de bien, no es posible que alguien diga en forma liviana todos los políticos son malos", afirmó Rousseff al programa Fantástico de la TV Globo, que se difundió en la noche del domingo.
En los primeros ocho meses de gestión, renunciaron tres ministros sospechados de corrupción: Antonio Palocci, Alfredo Nascimento y Wagner Rossi. El cuarto ministro dimitente fue Nelson Jobim, pero su alejamiento se debió a cuestiones políticas.
"Esto es consecuencia de la actividad de control del gasto público. La corrupción no se termina de un día para el otro: uno trabaja para que sea más difícil la existencia de corrupción", diferenció. La mandataria dijo que nunca tomó una decisión con la que no estuviera de acuerdo, al defender la coalición del gobernante Partido de los Trabajadores (PT) con otras 13 fuerzas. "No se dio nada a nadie sin mi consentimiento", explicó.
Rousseff, de 63 años, aseguró que está plenamente recuperada del cáncer linfático que le fue detectado en 2009, aunque sigue realizándose chequeos médicos periódicos, y señaló que le gustaría bajar cuatro o cinco kilos. "El cáncer es una cuestión resuelta cuando se consigue detectar a tiempo y si las personas realizan prevención", agregó.
Policías separados
Los jefes policiales de la Unidad de Policía Pacificadora (UPP) en las favelas del barrio Santa Teresa, en el centro de Río de Janeiro, Elton Costa y Rafael Mediros, fueron separados de sus cargos luego de que varios agentes recibieran sobornos por parte de narcotraficantes para permitirles trabajar en el lugar.
El diario O Dia publicó que agentes de la UPP recibieron hasta U$S 30.000 para permitir la venta de drogas en las favelas de Coroa, Fogueteiro y Fallet, en Santa Teresa, centro histórico de la capital carioca. El caso se conoció una semana después de un intento de invasión de los narcos al complejo de favelas de Alemao, en la zona norte de Río de Janeiro, que fue rechazada por el Ejército que ocupa el lugar.
Según el diario Folha de Sao Paulo, un tercio de los habitantes de las favelas con UPP se queja del trato y de los puntos de control instalados en varias esquinas para controlar a los vecinos. (Télam-AFP)