No son turistas ni neoyorquinos. Pese a que en 2013 cumplirán 30 años de residencia en Estados Unidos, conservan las formas argentinas, ese aire familiar que se percibe a 20 metros de distancia y que, sin embargo, no es posible especificar en términos definitivos. Y cuando hablan, el acento rioplatense confirma que las raíces de Alberto y María Rosa Santoro están en Rosario (Santa Fe) aunque vivan en Carolina del Sur desde hace cinco años, cuando dejaron Nueva York para dar una vuelta de página. Atrás quedaban los comienzos de la vida estadounidense y un final, el fallecimiento de su hijo Mario Luis en los atentados del 11 de septiembre de 2001.
El matrimonio Santoro viajó lo que hizo falta (1.100 kilómetros aproximadamente) para asistir a la apertura del 9/11 Memorial, el monumento que recuerda a las casi 3.000 víctimas del World Trade Center y cuyo acto de inauguración tuvo lugar el domingo pasado, en coincidencia con el décimo aniversario de los atentados. Y en dos días visitaron dos veces las dos fuentes bautizadas con el título "Reflecting Absence". Según Alberto, en la primera ocasión estaban demasiado nerviosos y angustiados como para apreciar la obra artística de los arquitectos Michael Arad y Peter Walker.
Ayer, tras el segundo contacto, se sentían en mejores condiciones para evaluar el monumento. Y sí, el tributo se ha ganado su visto bueno.
"Se respetó la voluntad de las familias de la víctimas de destinar a fines conmemorativos el espacio donde estaban las Torres Gemelas. Después de un proceso muy duro, conseguimos que el valor del terreno no prevalezca sobre el recuerdo de los que murieron en Ground Zero", explica María Rosa a LA GACETA, a la salida del 9/11 Memorial.
A través del testimonio de los Santoro se comprende que esto no es poco mérito. Emplazado en el nervio financiero de Manhattan, el predio en cuestión vale un dineral. Después de la tragedia comenzó la compleja tarea de componer los intereses de los propietarios del terreno, del Gobierno, de las familias de los fallecidos y de los habitantes de Nueva York. Las grandes controversias nacionales que generó el destino de Ground Zero derivaron en el siguiente equilibrio: el nuevo complejo de rascacielos conviviría con la memoria de los atentados.
"Todas las familias participamos en la toma de esa decisión. Nosotros adherimos a los distintos consensos. Fue un proceso terrible y muy traumático", relata la mujer mientras su marido atiende los requerimientos de un canal de televisión. Es más, María Rosa asegura que adoptaría la misma solución si la definición dependiese exclusivamente de ella. "Las torres también tienen que estar para demostrar a esos cobardes que no les tenemos miedo", reconoce con bronca.
El viaje de 1983
Cuando Argentina recuperó la democracia, en 1983, los Santoro (el matrimonio y los cuatro chicos) partieron a Estados Unidos. "En ese momento no veíamos un futuro para nuestros hijos", narra la mamá. En el país del entonces presidente Ronald Reagan les esperaba, sin embargo, el paradigma del caso fortuito: la caída de los edificios más altos de Nueva York. Sin embargo, no se arrepienten de la decisión de inmigrar.
"La muerte de Mario no tiene nada que ver con eso. Le podría haber pasado allá y en cualquier lado. Todos tenemos una fecha para partir de este mundo; la de él llegó pronto?", reflexiona María Rosa con un hilito de voz.
Mario Luis era paramédico, trabajaba en el New York Presbyterian Hospital y vivía a tres cuadras del World Trade Center. "ese martes (11 de septiembre) era su día libre. Iba a ir a casa, pero cambió de opinión y se acercó al lugar del siniestro para ayudar en las tareas de rescate. Y eso fue lo último que supimos de él", comenta la madre ya con la voz completamente quebrada. El cuerpo apareció el 27 de diciembre. "Hasta ese día, María Rosa escuchaba pasos en el pasillo y pensaba que era Mario. Era una situación tremenda. Íbamos a preguntar por él: si su nombre no estaba registrado en un libro negro, quería decir que a lo mejor vivía. Tuvimos esa esperanza durante tres meses y medio", agrega el padre.
Muy tocados
El domingo, en el acto de apertura del 9/11 Memorial, revivieron aquel pesar arrollador. "Y nos sentimos muy tocados por tantos chicos que no conocieron a sus papás y estaban ahí, leyendo los nombres de las víctimas. Fue muy duro. Me molestó que haya estado (el ex presidente George) Bush. Terriblemente me molestó. Fue una ofensa para las familias porque él sabía que el ataque se venía y, sin embargo, no hizo nada para detenerlo", critica María Rosa.
Dice Santoro que estaba tan enojada que no escuchó los aplausos que recibió el discurso de Bush (más efusivos que los que le tocaron al presidente Barack Obama). "Yo le grité asesino", admite. Y añade: "a quien sí hay que reconocer es a Rudolph Giuliani". A la señora Santoro se le ilumina la cara cuando menciona al ex alcalde: "fue una gran persona en ese momento, hizo lo que correspondía en esa hora límite. ¿Usted sabe el caos que hubo en esta ciudad después del ataque? (Giuliani) encauzó todo, puso las cosas en su lugar. No así George Pataki (ex gobernador de Nueva York), que fue un cero (a la izquierda)".
El malestar con Bush aparece otra vez. Él es, según los Santoro, el responsable de la catástrofe neoyorquina, y el ideólogo de las costosísimas y polémicas guerras preventivas en Irak y Afganistán. "Las tropas fueron allí para hacer los negocios de Bush y los del vicepresidente Dick Cheney, nada más", manifiestan sin ningún género de duda.
La ejecución del líder de Al Qaeda, Osama Bin Laden, les dio un poquito de paz. Aquel 2 de mayo, María Rosa estaba casualmente en La Plata (Buenos Aires). "Yo, que siempre pensé que iba a celebrar esa noticia, me quedé helada. No sabía cómo reaccionar. Al día siguiente me pareció que estaba bien, que se había hecho justicia", postula serenamente. Y expresa que le hubiese gustado que Estados Unidos someta a juicio a Bin Laden y que ese juicio se celebre aquí mismo, en las fuentes de "Reflecting Absence": "hubiese querido que lo juzguen ahí y que ahí lo cuelguen ante la vista de todas las familias que perdimos seres queridos en el 11-S porque él atacó a civiles de todas las nacionalidades y religiones. Es un cobarde, fue un cobarde, y los que lo siguen son tan cobardes como él".