"Donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, Yo estoy en medio de ellos" (Mt 18, 15-20). Jesús nos revela un modo suyo de estar presente en medio de los hombres: cuando dos o más se reúnan en Su Nombre, ahí está Él presente. Sabemos que Jesús, en cuanto Dios, está presente en todo lugar, dando a toda la creación la permanencia en el ser y dando la vida a todo lo que existe y es; sabemos que está Presente en Persona en el sacramento de la Eucaristía; sabemos que está Presente en Persona en el prójimo, y sobre todo en el prójimo más necesitado. Pero ahora nos revela un nuevo modo de presencia suya, y es por medio de la oración realizada en comunión, es decir, en la unión común en su nombre. Cuando dos o más se reúnan en su Nombre, Él se hace presente. Y si esto es válido para la oración que puedan hacer numéricamente dos o más personas, lo es más válido todavía para la Iglesia, que es la comunión de los que creen en Él. La Iglesia -entendida en su aspecto universal, o en su aspecto local, como por ejemplo la parroquia-, es la reunión de los que han sido congregados por un mismo Espíritu, por el Espíritu de Jesús, en su Nombre, para implorar su Presencia, de ahí que el nombre de Jesús sea "Emmanuel", que quiere decir "Dios con nosotros".
¿Cuál es el motivo de su promesa?
Jesús no niega su Presencia a quien la invoca, y si se hace Presente, es por misericordia y para comunicarnos su misericordia.
Pero hay otro motivo por el cual el cristiano debe orar para implorar la Presencia de Dios Encarnado, Jesucristo, y es el adorarlo y el alegrarse por esa Presencia.
Reflexionemos
Sólo unidos a Él por la comunión sacramental eucarística y por la oración de la Iglesia, seremos capaces no sólo de escapar de una mera relación de utilitarismo para con Dios, sino de dar a Dios Trino la verdadera adoración y el amor de piedad y amor filial que nos corresponde como hijos suyos. Y en esto consiste la felicidad, la alegría y el gozo del hombre.