Arrasó José Alperovich. Le ganó de punta a punta a todos sus competidores por el primer puesto. El ministro del Interior, Florencio Randazzo, se unió a la celebración, pero remarcó que su anfitrión es un obediente discípulo del modelo K, por lo que triunfó del modo que lo hizo. En el oficialismo probablemente piensen distinto, pero no lo dirán. Alperovich se cuidó de evocar a Néstor Kirchner, pero en política mandan los hechos. El 23 de octubre, el gobernador tendrá la misión de asegurarle un éxito rotundo a la Presidenta que busca la reelección. Después de los datos de ayer, el 65% que obtuvo Cristina Fernández en las primarias abiertas, quedó abajo de Alperovich. La atomizada oposición pagó un duro precio y varios de sus impulsores pasarán a retiro. El radical José Cano no despegó y no se erigió en el polo alternativo al alperovichismo. Alperovich ganó. Su legitimidad de origen es indiscutible. Pero la industria del bolsón, el abrochado inconstitucional de votos y el papelón de la Junta Electoral Provincial confirman la baja calidad institucional de la democracia tucumana.