¿Qué tan lejos está el sueldo promedio del sector privado en Tucumán del salario mínimo, vital y móvil? Puede decirse que sería tan sólo de $ 657 si se toma como base el aumento del mínimo que puede anunciarse en los próximos días.
Justo en el momento previo a las elecciones primarias, el Gobierno nacional alentó el debate acerca de una suba del mínimo a $ 2.300, un reajuste cercano al 25% que, en cierta medida, convalidará la inflación anual que calculan algunas consultoras privadas más que el índice anual de 9%, estimado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) para este año.
El aumento del salario mínimo ha sido puesto nuevamente en la agenda oficial ante los reclamos sindicales de subirlo a $ 2.600, algo que los empresarios consideran que no es oportuno.
En el caso provincial, el mismo organismo estadístico nacional calculó para el primer trimestre de este año que el salario de bolsillo de un trabajador formal tucumano del sector privado fue de $ 2.857 mensuales. Más preocupante es la brecha que puede llegar a existir en el caso de una franja del sector público provincial que, según el ministro de Economía, Jorge Jiménez, cobra unos $ 2.420 mensuales. "Nadie gana menos de eso", puntualizó a LA GACETA. No obstante, puede haber un atenuante como para que la brecha existente entre el salario tucumano y el mínimo no sea tan estrecha como los casi $ 1.000 que lo dividían hasta fines del año pasado: el impacto del último aumento salarial.
De una u otra forma, cualquiera sea el efecto no logrará recomponer el daño que produjo la inflación real en el poder adquisitivo del asalariado, señala a LA GACETA Susana Nuti, economista de la Fundación Mercado. "La suba del mínimo es algo parecido a un parche que se ponen para decir que se enfrenta a una inflación que, aunque decreciente, ha erosionado el ingreso familiar", puntualiza.
Según la experta, no es que se vaya en contra del incremento del salario mínimo, vital y móvil. "El punto central de la cuestión es determinar qué se hace con la política salarial del sector público, donde en muchas provincias, como Tucumán, se pagan sumas no remunerativas que luego no suman para la jubilación", apunta.
Más complicada que el pago de sumas no remunerativas es la gran masa de empleados informales que, en muchos casos, ni siquiera alcanzan a cobrar el sueldo mínimo, vital y móvil, plantea Daniel Abad, director del Centro de Estudios Económicos y Sociales del NOA (Cesnoa). De acuerdo con los datos oficiales, en esas condiciones hay unos 100.000 asalariados que residen en el Gran Tucumán-Tafí Viejo. "Y a esta gente se le complica el acceso a la salud y no puede acumular años para la jubilación", señala.
Abad entiende que la suba del mínimo, vital y móvil no hace más que convalidar la inflación real existente en la Argentina. Pero no la que calcula el Indec, sino las que estiman los privados. "Si una es del 9% y la otra de un 25%, quiere decir que hay un 16% de aumento en el salario real. Evidentemente, esta ecuación no se da en la realidad porque está decayendo el poder adquisitivo del asalariado", dice el experto consultado. Peor aún es el caso de quien recibe el mínimo, acota, que puede llegar a cubrir entre un 60% y un 80% de la canasta básica total.
El director de Cesnoa considera que, con los aumentos, la población sólo trata de recuperar el terreno perdido por la suba sostenida de precios. "No creo que los salarios le estén ganando la carrera a la inflación. Suena a falacia", finaliza.