Los mayores suelen decir que todo tiempo pasado fue mejor y desde su punto de vista, tal vez sea así en varios aspectos. Si bien en las últimas cuatro décadas, el mundo ha experimentado un avance insospechado en materia de informática, tecnología y ciencia que ha permitido mejorarle y alargarle la vida a millones de personas, también lo negativo se ha incrementado notablemente. Se dijo con insistencia que la Argentina era un lugar de tránsito de la droga o que los elevados índices de criminalidad eran propios de algunas capitales europeas o ciudades estadounidenses. Tanto lo bueno como lo malo, llegaba a nuestro país con varios años de tardanza y mucho más a Tucumán. Pero esa ya es una anécdota.

La delincuencia ha comenzado a crecer significativamente en nuestra provincia. En 2009 y 2010 se produjo un crimen por año. Pero en 2011, ya son cinco los casos que conmocionaron a los tucumanos, y la violencia con la que actúan los delincuentes, al parecer, ha aumentado, según la información oficial. Expertos de otras provincias y de la Interpol se habían sorprendido en más de una ocasión porque Tucumán tenía los índices más bajos de homicidios en ocasión de robo. Sin embargo, en los últimos siete meses se quintuplicaron los asesinatos cometidos durante un asalto.

El más reciente que ha conmocionado a la sociedad, fue el crimen de Elda Hovannes ocurrido el 19 de julio pasado en el barrio Ampliación Kennedy. La empresaria se aprestaba a subir a un taxi frente a su casa cuando un motoarrebatador la ultimó porque se resistió a darle su cartera. Hubo otros episodios trágicos como los del taxista Quijano, desaparecido el 20 de mayo, y dos días después se halló su auto a la vera de la ruta 157. Un joven de 23 años fue apuñalado y asaltado en avenida República del Líbano y Paraguay el 19 de junio. El 1 de marzo, una jubilada fue hallada sin vida en un camino en El Cadillal. Había salido el 25 de febrero de su casa para cobrar la jubilación en un banco ubicado en Crisóstomo Alvarez al 900. El 18 de febrero, la comunidad se conmocionó con el asalto y el crimen de un comerciante del barrio Juan B. Terán. Estos fueron algunos de los episodios dolorosos que han engordado la estadística. Hay varios asesinatos que han quedado impunes; tal vez el más emblemático sea el de la joven Paulina Lebbos, ocurrido en febrero de 2006. Pese a ello, el jefe de Policía cree que la gente recuperará la confianza en los policías, al ver y conocer quienes son los que patrullan por su cuadra.

Según el índice de victimización elaborado por el Laboratorio de Investigaciones sobre Crimen, Instituciones y Políticas de la Universidad Di Tella, en junio, el 30 % de los habitantes del NOA han sido víctimas, ellos o su familia, de un delito.

En otras oportunidades, hemos señalado que el delito no se combate sólo con mayor presencia policial en las calles o equipamiento tecnológico. Deberían existir planes de prevención, basados en un mapa del delito. Está visto que las autoridades no han encontrado hasta ahora el camino para detener este incremento de la inseguridad y de la criminalidad. El Estado debería convocar a las cuatro universidades, a entidades civiles, a ONGs, a centros vecinales para que de un debate profundo, surja una política integral que contemple la educación, la salud, el trabajo digno, la cultura, el deporte. Proteger la vida de los ciudadanos debe ser una de las prioridades de todo gobierno.