Vivir en el límite de dos municipios puede resultar una doble desdicha para los ciudadanos, a la hora de pedir a sus representantes soluciones a sus problemas. Por un lado padecen la falta de servicios y por otro padecen porque no está calro ante quién deben hacer sus reclamos y peticiones. En este sentido, hay, por ejemplo, comunidades que se sienten abandonadas por las autoridades de las cuales dependen y han solicitado pasar a otro municipio. En abril pasado, luego de la protesta vecinal, la Legislatura aprobó el proyecto que impulsaba la incorporación a la capital de los barrios Miguel Lillo I y II, Policial IV y Del Buen Vivir (administrados por la comuna de San Felipe y Santa Bárbara), para que pudiesen recibir servicios de la Municipalidad de San Miguel de Tucumán.

Una buena parte de la localidad de El Manantial vive a diario con el corazón en la boca cada vez que algún morador de cualquier edad debe atravesar la ruta 301. Cinco son los complejos semaforizados instalados para que los peatones puedan cruzar, pero sólo uno de ellos funciona desde hace diez años, según atestiguan los vecinos. Pero el infortunio se incrementa porque la señal de tránsito es ignorada por los conductores y tanto niños como adolescentes deben cruzar corriendo la peligrosa arteria. La escuela Adolfo Kapelusz está ubicada al costado de la ruta. Pese a que un cartel advierte de la presencia de chicos e indica que la velocidad máxima es 60 km/h, los vehículos no respetan la norma y circulan a alta velocidad.

En reiteradas ocasiones, un grupo de madres han solicitado que haya policías para ayudar a cruzar a los chicos, pero se quejan de que la presencia de estos es discontinua. En la comisaría que está una cuadra de la ruta, suelen responderles que carecen de personal o de móviles. Los vecinos elevaron una nota a la jefatura policial de Lules, con la esperanza de que les den una respuesta.

El titular de Vialidad Provincial dijo que aunque la repartición construyó la ruta no está encargada del mantenimiento de los semáforos y acotó que no dispone de personal y que solicitó la colaboración de la Municipalidad de Tucumán para reparar los semáforos.

Según el delegado comunal de El Manantial, los semáforos se arreglaron hace menos de un mes, pero el problema radica en que las lámparas se rompen constantemente y que que en 2010 hubo un robo de equipos. "Es verdad que los conductores no los respetan, pero en la comuna nos falta personal para dirigir el tránsito. Por la tarde, un empleado suele ayudar a cruzar a los chicos de las escuelas. Nadie está conforme con nada", sostuvo. Los vecinos propusieron la construcción de un puente peatonal, pero un directivo de Vialidad dijo que no hay nada previsto.

Esta realidad tiene ribetes de absurdidad -diría el escritor Albert Camus- porque da la impresión de que en una década, ningún representante del pueblo ni funcionario ha sido capaz de solucionar este problema que tiene que ver con algo tan esencial como es proteger la vida de los ciudadanos. No se entiende que en tantos años, no se hayan reparado los semáforos y se les realice un mantenimiento permanente, que no haya un control constante y que se sancione con rigor a los infractores. Estos tucumanos viven en carne propia la expresión de ser "el jamón del sándwich". Si ninguna de las autoridades de una u otra jurisdicción da soluciones a esta comunidad no se entiende para qué están.