BUENOS AIRES.- La mayor parte de los ciudadanos porteños ha vuelto a votar en favor de la autonomía. El kirchnerismo lo entendió muy tarde, aunque resulta refrescante que, aunque sea para seducir a los votantes, la propia Presidenta lo haya llamado por teléfono a Mauricio Macri, antes que nadie, para felicitarlo. Como pasó en Santa Fe, los habitantes de Buenos Aires no se aguantaron apoyar a un delegado del poder central, pero mucho menos al representante de un sectarismo de cuño "gorila" que le afloró a los kirchneristas después de la primera vuelta, algo que ahora los representantes de la Nación buscaron atenuar con un discurso más abarcativo.

Si bien el porteño es muy particular y su voto siempre será sinuoso, a este nuevo castigo que le cayó sobre el lomo al bueno de Daniel Filmus, sólo para volver a darle su merecido al Gobierno nacional, la Casa Rosada se lo tiene que agradecer al insuperable elenco de lenguaraces oficiales y oficiosos que, hasta que los pararon, se dispararon torpemente en los pies, como Aníbal Fernández (jefe de Gabinete), Alberto Sileoni (ministro de Educación), Fito Páez (músico) y Fernando Braga Menéndez (publicista).

Pero además de estas "manitos" a la reelección de Macri, la campaña del candidato de la Casa Rosada resultó ser un fiasco desde la estética y desde el discurso. Sus ejecutores quisieron cambiar y no supieron cómo y recién ahora, que es tarde, se decidieron por un lenguaje paradójicamente muy PRO, de humildad, respeto y paz.

En el caso de la imagen de campaña, lo único que se intentó fue reemplazar con corazoncitos estilo Sarah Kay los globos de colores del macrismo, con el papelón que los publicistas usaron como apelación de campaña ("Buenos Aires para Todos") lo que es el nombre de otro partido. Y en materia de propuestas, el mensaje descarriló desde el minuto cero, porque a Filmus ya no le daba volver a extorsionar a los votantes diciendo que las obras se iban a nacer si la Ciudad y la Nación se "articulaban", un eufemismo para esconder el alineamiento con la Rosada, lo que ya había sido juzgado por la ciudadanía cono inviable. Entonces, con el discurso desarticulado, se reemplazaron las referencias sobre eventuales cambios u obras por una difusa denuncia sobre encuestas telefónicas.

Los números para un lado y para el otro son volátiles y es probable que transmuten en octubre, ya que el PRO no llevará candidato a Presidente, aunque ya desde mañana mismo Macri deberá sentarse con otros postulantes de la oposición a charlar sobre el futuro.

Básicamente, el mensaje de las urnas ha sido para los dos. Para la Presidenta, pidiéndole un poco menos de autoritarismo, mayor acercamiento a la oposición y sobre todo, si sigue, colaboración con los porteños. Y para el jefe de Gobierno, que la siga peleando para conseguir cosas para la Ciudad Autónoma, sin ponerse de rodillas; si se luce en los próximos cuatro años estará en carrera para 2015. La síntesis de ambas cosas se llama política.