El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas no considera que el cambio climático sea un problema para la seguridad internacional, pese a que un alto funcionario de la ONU ha advertido que esto representa una sería amenaza para la futura paz y la seguridad del mundo.
Durante las deliberaciones del Consejo, presididas por Alemania, Achim Steiner -Director Ejecutivo del Programa Ambiental de la ONU- sostuvo enfáticamente que "nuestra capacidad para manejar este tipo de eventos plantea todo un desafío", en referencia a la aguda sequía que castiga al Cuerno de África.
Steiner añadió que los dramas actuales se intensifican "especialmente si ocurren simultáneamente, pues podrían afectar, por ejemplo, los mercados mundiales de alimentos, con problemas regionales de seguridad alimentaria, desplazamiento de personas, y creación de refugiados a través de las fronteras".
Varios observadores destacaron que el tibio comunicado final del Consejo fue muy influenciado por objeciones de Rusia y China, cuyos representantes sostuvieron que la participación del Consejo de Seguridad en una revisión periódica de los problemas del cambio climático no aportarían ningún valor agregado.
Alexander Pankin, embajador de Rusia ante la ONU, comentó que "una medida de esa índole sólo puede conducir a una politización creciente del problema e incrementaría los desacuerdos".
Sobre el final de los debates, en el acuerdo respectivo, Rusia aceptó la inclusión de una frase que con lenguaje menos estricto reconoce "posibles consecuencias" del cambio climático, ante lo cual Susan Rice, embajadora estadounidense, manifestó un elocuente descontento.
La diplomática expresó que "tenemos en la ONU y en este salón docenas de países cuya existencia se halla en peligro, y que le piden a este Consejo una demostración de que comprende en qué medida está amenazada su seguridad".
"En cambio, debido a que unos pocos se niegan a aceptar nuestra responsabilidad, con su silencio este Consejo señala que algunos tienen `mala suerte, lo cual es más que decepcionante, es patético, es miope, y francamente es una renuncia al deber", concluyó la funcionaria de EE.UU.
Por su parte, el ambientalista Steiner indicó que la actual hambruna que azota a Somalia evidencia que "está siendo desafiada nuestra capacidad para manejar este tipo de eventos: durante 2010, 42 millones de personas fueron desplazadas por desastres naturales y el 90 por ciento de ello se debió a desórdenes climáticos".
En círculos diplomáticos, numerosos representantes de países periféricos han acusado a la ONU de convertirse en "el mayor desastre humanitario del año 2011", pues no estaría colocándose a la altura de los crecientes dramas sociales surgidos de la crisis climática.
Para encarar paliativamente las actuales emergencias humanitarias de África, la ONU expresa que ya se han aportado hasta la fecha 3.600 millones de dólares y que urge un adicional de 4.300 millones, situación que la entidad asistencialista Oxfam califica como de "negligencia intencional" de las naciones ricas.
Se asegura que ya hay millones de personas afectadas por la sequía extrema y la falta de comida en el África oriental y a medida que se agudizan las condiciones imperantes, cerca de 7 millones de ellas están famélicas en un contexto de 130 millones de seres humanos golpeados por una crisis ambiental que lleva dos décadas.
La situación se agrava en Somalia pues desde hace varias semanas los militantes islámicos que controlan algunas regiones del país, muy afectadas por la sequía y el hambre, han prohibido el acceso a la región de misiones internacionales de auxilio.
Veteranos funcionarios de la ONU comentan que si esas restricciones no existieran, del mismo modo habría trabas pues Estados Unidos prohíbe que se brinde ayuda a grupos considerados como potenciales terroristas, y algunas fuentes señalan que en la actualidad la CIA desarrolla acciones abiertas y encubiertas contra ellos.
Ambientalistas norteamericanos de la agrupación Democracy Now (Democracia Ahora) indican que "a esta mescolanza de intereses se agregan las actividades del crimen organizado de EE.UU. que descarga carradas de desechos tóxicos en la costa de Somalia, lo cual es un factor que impulsa el accionar pirata de muchos pescadores sumidos en la miseria".
Al respecto, el ecologista brasileño Frei Betto, ha destacado que "Somalia colapsó en 1991 y desde entonces el litoral del país es utilizado por las naciones centrales como basurero de residuos nucleares, derramándose también otros tipos de desechos que causan enfermedades en la población, como erupciones en la piel y asimismo malformaciones en los niños". (Télam)