Lamentablemente, América latina, por las cifras comparativas que hay de delitos violentos, sería la región en el mundo de mayor violencia. Hay 17 países que tienen las tasas más altas de homicidios, de 30 o más crímenes cada 100.000 habitantes. Nueve de esos 17 países están en nuestra región. Y los otros ocho están en África. Dentro de ese contexto, Argentina también -durante los años 90- fue subiendo sus tasas de delitos violentos y la tasa de homicidio en particular. Actualmente, nuestro país es de los que tiene los índices más bajos en la región. La tasa de homicidio, que en 2003 había llegado a 9,6, comenzó a descender lentamente y de manera constante, y en la actualidad es de 5,6. De manera que dentro del panorama regional de ascenso de la violencia y el delito violento, Argentina estuvo como el resto de los países, pero en los últimos cinco o seis años estamos con cifras mejores.

Lógicamente esto no impacta tan pronto en la sociedad civil. Los miedos permanecen, pero la realidad es que el país está mejorando en esta materia. En estos momentos tenemos una tasa de homicidio que es igual a la de Estados Unidos, que llegó a tener 11 homicidios por cada 100.000 habitantes, y Argentina 9,6. Esos fueron los índices pico. Ambos países han reducido y estamos en una tasa similar. Las naciones de Europa tienen una tasa que oscila entre 0,1 y 3, pero en el contexto de los países de América latina, el de Argentina es uno de los países con tasa más baja.

Hay que tener en cuenta que, contrariamente a lo que se piensa, en Argentina estamos encerrando en cárceles a mucha más personas que el promedio de lo que encierra la comunidad internacional. Esto quiere decir que las cosas no están bien, que estamos usando la cárcel de manera excesiva. Si bien es cierto que no somos de los países que tengan las tasas más altas de encierro, el uso de la prisión se triplicó en la Argentina entre 1992 y 2008. Hace 20 años había 60 presos cada 100.000 habitantes y hoy la cifra llega a 180. Además, lo que se observa, es que con el modelo de cárceles cerradas que hay en el país los que salen lo hacen en condiciones peores a las que ingresaron. Por eso hay que tratar de usarla con prudencia.

Hay una correlación directa entre la inequidad de la distribución del ingreso y muchas otras cosas. Si la inequidad es alta, incide sobre la salud que la deteriora, incide sobre la educación que la deteriora, incide sobre la vivienda, que la deteriora, sobre las relaciones laborales, y también incide en el delito. Aumenta la inequidad y aumentan las tasas de homicidio y de delitos contra la propiedad. Lo que hay que hacer es promover más justicia social.