Los últimos días de la vida pública tucumana no mostró sorpresas, a pesar de que se vencían términos y de que se cerraban ciclos. Si no hubiera sido por la espeluznante muerte de Elda Hovannes todo hubiera sido tal cual estaba previsto.
La firma que Antonio Gandur había estampado sobre el fallo que avala una segunda reelección del gobernador, José Alperovich, fue la confirmación de lo que se venía diciendo y que ya se sabía. Hace unos meses se comentaba -y se publicó, sin desmentidos- que el planteo del MP3 sobre la Junta Electoral y sobre las licencias de los funcionarios que son candidatos iba a prosperar. En cambio, ya hace mucho tiempo nadie se animaba a augurar un resultado adverso en el intento de re-reelegir al titular del Poder Ejecutivo. Esta semana se confirmó que aquellos augurios se hicieron realidad. En un acto de intuición colectiva miles de candidatos parece que sabían que Alperovich iba a poder ser re-reelecto porque no tuvieron ninguna duda a la hora de acoplarse a un hombre, cuya postulación estaba en tela de juicio.
También se sellaron las candidaturas. Nada nuevo bajo el sol. Todo bajo control alperovichista.
La definición de las postulaciones es una formalidad más. El problema es juntar mucha plata, si es $ 1,5 millón mejor, para poder soñar con que el 28 de agosto, cuando se abran las urnas, haya por lo menos 10.000 votos. Todo lo demás ya está definido.
Con esa cantidad de votos un candidato a legislador puede mantener la ilusión de obtener una banca.

Inversión a futuro
Todos estos esfuerzos no son más que una inversión para 2015. Estos son los comicios del posicionamiento, tanto para el oficialismo como para la oposición. Ningún "sijosesista" espera más de lo que ya tiene o tuvo; y en la oposición pasa algo muy parecido. Ninguno de los candidatos a gobernador es capaz de mirarse al espejo y de imaginarse con la banda gubernamental cruzada en el pecho. Es más a ninguno se le pasa por la cabeza la constitución de su gabinete. No lo tienen, no lo piensan, no lo proyectan; porque a estos comicios, la incapacidad y la impotencia los han convertido en sala de espera.
En el alperovichismo ocurre lo mismo. No hay sorpresas. Pero como en toda sala de espera, las personalidades afloran. Están los Sergio Mansilla que se ofenden porque a los Osvaldo Jaldo les dan más. Están los Domingo Amaya, que hasta se animan a ceder el turno porque la paciencia le aconseja que ya llegará el momento. En el alperovichismo, el mensaje es muy claro: hay que esperar un poco más, y ya se va. Hay que pasar 2011 para empezar a prepararse para 2015.

El guionista
El amo y señor de todo este proceso mira todo como el guionista de una novela de televisión. Espera con ansias la llegada del 28 de agosto. Con los resultados en la mano verá cuánto más estira la historia. Por eso no se descarta una nueva reforma de la Constitución. Ese sí sería un paso inesperado para todos los peronistas -y opositores- que se preparan para el día después de José, en 2015.
Es cierto que en agosto hay dos comicios, pero la verdad es que a todos les preocupa uno. Es que el 28 se juegan por lo menos cuatro años más de poder. En cambio el 14 lo consideran un problema de Alperovich; y a él le compete la obligación de sumarle votos a Cristina.

Obsecuencia debida
La dirigencia no ha descollado por su esfuerzo diferenciador en estos últimos ocho años. Han sabido cumplir cada uno de los pedidos del gobernador, se trate de levantar la mano o de organizar actos. El resto ha sido para peculio, intereses o conveniencias propias. El único pago a cambio fue no contrariar ni contradecir al mandatario en aquel lapso.
Alperovich ha sabido manejarlo todo. Pero hay dos temas que teme y que no ha sabido controlar: la droga y el delito.
Esta semana estaba todo previsto. No hubo cosa que no saliera a pedir de boca. Hasta que el reloj de la vida de Elda se paralizó. Fue un martes, a las 18. Mientras a ella se le apagaba el corazón para siempre, a los funcionarios de Casa de Gobierno se les aceleraba el pulso.
Hace cinco años, en el mismo momento en que el tema central del debate era la reforma de la Constitución, la provincia de Tucumán se hundía en la tristeza y en el estupor por la muerte de Paulina Lebbos. La impericia, la incapacidad y el desconocimiento ayudaron a que nunca se supiera nada de lo que pasó. Esta semana casi al mismo que tiempo que se conocía que la Constitución recibía una palmeada al reconocérsele el artilugio de la re-reelección, la paz recibía un balazo por el módico precio de una cartera.

Sistema mal parido
El gran problema de la gestión alperovichista no es la desocupación. Los planes sociales y una preocupación casi personal del gobernador han permitido que el índice del desempleo se sostenga en el 4,9% durante el primer trimestre del año, según el Indec.
En cambio, el gobernador no sabe qué hacer con la inseguridad. Transmite confianza a sus interlocutores en la gestión, pero su impericia en el tema lo convierte en un mandatario timorato en el tema. La billetera que le ha dado buenos resultados para momentos complicados o no lo alcanza o no sirve para hallar la estrategia perfecta frente al delito.
Cuando Alperovich asumió por primera vez el poder definió a la delincuencia como un problema social. Se preocupó porque el delito fuera atendido por el Ministerio de Seguridad Ciudadana. Le puso un barniz que nadie había elegido nunca: el delito no se atacaba sólo a punta de pistola era un problema más complejo y de todos. Un gran diagnóstico y una pésima atención y seguimiento de problema. Cuando una bala mata un vecino, el Gobierno tiembla porque no tiene contención ni reacción. La realidad le errostra que el sistema no está funcionando. Sigue la apuesta por la cantidad, pero la calidad les canta ceeerooooo y los delincuentes, cual crupier del hampa, se llevan todo.

Una de más
La semana felizmente dejó una mueca de humor. El legislador Armando Cortalezzi firmó una resolución de la Junta Electoral para que se suspendan las publicidades hasta el jueves que viene. Uno de los candidatos que más gastó y que antes (en diciembre aparecieron los afiches) se mostró prohíbe lo que él más hizo. Si bien hay un cumplimiento del planteo sobre la ley, una vez más queda claro que la junta con integración política no debiera funcionar, tal cual lo dijo la Justicia y no se cumplió.