OSLO.- "Una persona con una creencia tiene la fuerza de 100.000 que sólo tienen un interés". Cinco días antes de la masacre del viernes en Noruega, Anders Behring Breivik (foto) publicó esta única frase al citar al filósofo británico John Stuart Mill, en la red Twitter.

Ayer confesó ante la Policía haber sido el autor de los disparos en el campamento de la juventud del oficialista Partido Laborista, que causaron la muerte de 85 personas. Sin embargo, no se habría reconocido como el responsable del ataque explosivo a la sede del Gobierno, que dejó siete muertos.

Si bien no explicó el motivo de su acción a la Policía, su abogado, Geir Lippestad, adelantó que se justificará mañana, ante un juez. "Dijo que cree que sus acciones fueron atroces, pero que en su mente eran necesarias", adelantó. También publicó en Internet un manifiesto de 1.500 páginas sobre su decisión, en la víspera de los atentados.

La cifra oficial total es de 92 víctimas fatales; hay aún cinco jóvenes desaparecidos en la isla de Utøya y ayer se rescataron otros tantos que huyeron al oir los disparos. Los relatos estremecen. En el lugar había unos 700 jóvenes, que fueron perseguidos.

Nicoline Bjerge Schie, de 22 años, creyó al principio que los disparos eran fuegos artificiales o una broma. "Pero cuando la gente comenzó a gritar y a correr presa del pánico me di cuenta, agachada en el suelo, de que había ocurrido algo grave", recordó; salvó su vida escondida en una grieta en el barranco. Otros saltaron al fiordo o se metieron detrás de las rocas o de los arbustos.

Los habitantes de la zona salieron en sus pequeños botes para asistir a quienes huían. "Llevé a diez personas en mi embarcación, hasta que estaba lleno. Fue terrible cuando tuve que dejar al once y al doce", relató Torill Hansen. Khamshajiny Gunaratnam sobrevivió huyendo a nado de la isla ("no consigo derramar una lágrima; he estado a punto de morir", dice), pero otros se ahogaron o fallecieron heridos ya en el agua.

Vestido como policía y con un chaleco antibalas, Breivik atrajo a sus víctimas haciéndoles creer que iba a protegerlas y a darles informaciones importantes sobre el atentado en Oslo, ocurrido poco antes. Adrian Pracon, que recibió un impacto en el hombro izquierdo, describió la escena: "disparaba desde corta distancia, a unos diez metros; tenía un fusil M16, y gritaba que nos iba a matar".

"Vi gente saltando al agua, y unas 50 personas nadaban hacia esta orilla del lago Tyrifjord. Estaban llorando, temblando aterrorizados. Eran jóvenes, tenían entre 14 y 19 años", aseveró Anita Len, de 42 años, quien vive frente a la isla.

Islamofóbico
Breivik es un noruego rubio, de 32 años, soltero, sin hijos y de 1,82 metros de alto. Mantenía vínculos con el nacionalismo y con posiciones antiislámicas, xenófobas y racistas. Entre 1997 y 2006 militó en la agrupación de extrema derecha Fremskritt Partiet (Partido del Progreso), que quiere limitar el ingreso de inmigrantes. En 2009 se suscribió al foro sueco de neonazis Nordisk en Internet, donde se debate "el poder de la raza aria blanca" y estrategias para combatir la democracia.

En Facebook se identificaba como un cristiano conservado al que le gustaba cazar y jugar al videojuego "Worlds of Warcraft". Sus ídolos son el ex premier británico Winston Churchill y Max Manus, máximo líder de la resistencia noruega en el nazismo.

Estaba inscripto como un granjero que cultivaba vegetales; la Policía sospecha que era una pantalla para comprar seis toneladas de fertilizantes químicos, que también sirven para fabricar explosivos como el que detonó en Oslo.

"El sospechoso se entregó nada más llegar la Policía sin oponer resistencia. No se tuvo que efectuar ningún disparo", declaró el comisario Sveinung Sponheim. Precisó que el tiroteo duró "alrededor de hora y media", y que Breivik llevaba dos armas. "No sabemos aún si actuó solo", agregó, aunque las sospechas se orientan a que tuvo un cómplice de civil.

El primer ministro noruego, Jens Stoltenberg, calificó lo sucedido como "una tragedia nacional, la peor catástrofe desde la Segunda Guerra Mundial". Admitió que estos ataques "van a cambiar al país", pero remarcó que la única respuesta posible "debe ser más democracia y libertad". "En mi juventud viví esa isla como el paraíso; ayer se transformó en el infierno", sostuvo. (Especial-Télam-DPA-Reuters-AFP)