Ensayo
PRIMERO LEEMOS, DESPUÉS ESCRIBIMOS
ROBERT D. RICHARDSON
(Fondo de Cultura - Buenos Aires)

Las líneas principales de sus ideas, las que propiciaron una ruptura con moldes tradicionales y la búsqueda de un destino humano más pleno y luminoso, fueron admiradas por Nietzsche, mientras que sus conceptos sobre la creación poética se anticiparon en un siglo a los expuestos por T.S. Eliot y Robert Graves.
Escritor, poeta y filósofo, Ralph Waldo Emerson (1803-1882) integra ese privilegiado álbum en el que figuran los fundadores de la literatura norteamericana, junto a Washington Irving, Thoreau, Whitman, Hawthorne, Henry James, Mark Twain y Melville.
El historiador Robert  Richardson, galardonado biógrafo de varios de aquellos insignes escritores, priorizó en este ensayo un aspecto que no había incluido en su estudio referido a la vida de Emerson (La mente en el fuego): sus ideas acerca del proceso creativo, que no sólo conformaron en su época un criterio revolucionario de la escritura, sino que inflluyeron en poetas como Robert Frost y Emily Dickinson y novelistas de la talla de Faulkner o Hemingway.
Richardson se basó en las dos obras esenciales de la bibliografía emersoniana, Naturaleza y El poeta, pero también en  apuntes de su diario personal y reflexiones vertidas en conferencias, cartas y diálogos, en los que advirtió una persistente exhortación -con cierta influencia de corrientes hinduistas- a que los literatos tomen de la ciencia y de la naturaleza aportes sustanciales de aquéllas, de modo de hacer que la obra intelectual no se reduzca a un mero objeto de entretenimiento sino que, sobre todo, se orienten a ofrecer pautas que modifiquen cualitativamente la conciencia.
En el lúcido análisis que Emerson hace de la poesía es donde Richardson encuentra lo más expresivo de esa revaloración de la creación literaria, al analizar -con refinada agudeza- ejes sustanciales de la posición del escritor, entre otros, su deducción de que "la poesía debe ser la ciencia de lo real"  y que, en orden al horizonte potencial que tal condición otorga al género, lo más importante no es el producto, es decir, la materialización lírica, sino el proceso que ha precedido a su elaboración.                                   © LA GACETA

Willy G. Bouillon