Su vida es agonía. Por la sequía, en un mes, las cosechas se han perdido, los animales se mueren, casi no hay comida ni agua, ni plata para comprar la poca que queda, que es carísima. A los hambreados refugiados los castigan para mantener el orden. Eso es Somalia. La ONU acaba de pedir una desesperada ayuda al mundo indiferente.
Están hambreados y los castigan
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