Los primeros cinco años de la era Kirchner se han caracterizado por tener un dólar anclado casi en los $ 3, mientras la inflación fue creciendo a un ritmo acelerado. A la par, la expansión monetaria no fue menor. La máquina de imprimir billetes siempre estuvo activa para comprar la divisa estadounidense y mantener, casi sin movimientos, al tipo de cambio. La presidenta Cristina Fernández salió esta semana a decir que el que apuesta al dólar pierde. Y seguramente será así mientras el Banco Central siga interviniendo con fuerzas para sostener la cotización de la moneda norteamericana.

Con esta estrategia no sólo logró apaciguar el mercado, calmar la demanda y frenar la suba, sino que permitió que aquellos oferentes que permanecían ocultos a la espera de una suba mayor, salieran a la luz y vendieran sus divisas, dice el reporte diario de Puente. De esta manera, el tipo de cambio comenzó a cotizar en baja por primera vez en lo que va de la semana. Cada vez que hay especulación, el Gobierno nacional sale al mercado a mostrar que tiene el peso suficiente como para frenar cualquier estampida. Lo hizo ya en tiempos en que Martín Redrado era el presidente de la entidad monetaria nacional. Y ahora Mercedes Marcó del Pont repite el esquema. Y eso que aún los exportadores no liquidaron las divisas que les dejó una buena temporada.

Da la sensación de que la gestión de Cristina Fernández está preparando el terreno para lo que será su segundo mandato: atesora dólares bajo el colchón y no los largará a menos que haya una fuerte demanda. No obstante, hay un fenómeno que está cambiando los planes oficiales: la fuerte fuga de capitales, en un período signado por las elecciones presidenciales. El comportamiento del mercado, en ese sentido, suele ser cíclico, cada cuatro años.

En ese panorama, el gobernador José Alperovich está tocando la puerta del Banco Central para comprar, en forma directa y a precio de mercado, los U$S 2 millones que mensualmente requiere el Poder Ejecutivo para abonar los cupones de los bonos de Conversión y Saneamiento de Empréstitos Provinciales. Los famosos Consadep, cuya segunda serie se está agotando y que, próximamente, saldrá al mercado la tercera serie. No es que el Estado tucumano salga a buscar plata al mercado para ejecutar obras. Simplemente es tanta la cantidad de demanda acumulada a lo largo de los años que serán necesario más de U$S 50 millones para poder ponerse al día con los acreedores que tienen sentencia firme. Y, en este contexto de emergencia permanente, los embargos no cesan. Hay una petrolera multinacional que logró que se inmovilizara una importante suma a cuenta de una vieja deuda. Otros millonarios pagos (también con fondos embargados) deberá efectuar Alperovich por una serie de expropiaciones, unas más necesarias que otras, desde el razonamiento de la Casa de Gobierno.

Mientras la política se dolariza, los jubilados y autoconvocados de la salud siguen reclamando en la calle el reconocimiento por el esfuerzo realizado en el sector público. Es posible que los primeros, la clase pasiva, tenga novedades en los próximos meses acerca del reconocimiento de un porcentual que los acerque a ese esquivo 82% móvil. La Provincia está dispuesta a seguir financiando con $ 4 millones para atender parte de los haberes de los jubilados transferidos. Otro esfuerzo de $ 10 millones debe hacer la Anses. El tema es que ahora se requiere un esfuerzo presupuestario mayor y la Provincia está interesada en que sea la Nación la que asuma el costo. Está en veremos, tanto como un arreglo con los autoconvocados de la salud, una pelea que al Gobierno no le inquieta prolongarla.