Clamaron por justicia, reivindicaron la verdad y bregaron por mantener la memoria. Ayer, miembros de la comunidad judía de Tucumán encabezaron la conmemoración del 17º aniversario del atentado que destruyó la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) en Buenos Aires.

Durante una hora, el centro de la plaza Independencia se colmó con ciudadanos y con el recuerdo de las 85 víctimas fatales y de los más de 300 heridos. Allí diversas autoridades gubernamentales y de instituciones fueron invitadas a encender 17 llamas por el recuerdo.

Parálisis del proceso

El clima de emoción sólo fue desplazado por el de indignación durante los duros discursos que pronunciaron algunos referentes de la comunidad.

El presidente de la Kehilá local, Simón Litvak, repudió que la investigación judicial se encuentre prácticamente igual que hace 17 años. "Pasamos por gobiernos que fueron desgobiernos. En el país no hay democracia, porque la democracia se ejerce con libertad y si no hay libertad, no hay justicia y si esta no existe, no existe el Gobierno", detalló. Advirtió que si bien el ataque fue al corazón de la comunidad judía, comprende un atentado contra toda la Argentina. El representante de la filial local de la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA), Fabián Neiman, recordó que la llamada "conexión local" que permitió que Hezbollah concretara el ataque estuvo amparada por la embajada de Irán en Buenos Aires. Al tiempo, advirtió: "el Islam es la respetable religión de Mahoma. Pero el islamismo cuenta con corrientes violentas apoyadas y financiadas por Irán. Advertimos a las autoridades sobre esos focos que existen en la Argentina, uno de ellos en Tucumán". Neiman agradeció la predisposición de las autoridades de seguridad para recibir sus inquietudes.

Por su parte, el rabino Salomon Nussbaum opinó que las palabras no alcanzan: "la magnitud del encubrimiento, la impunidad y las irregularidades nos avergüenza. Nuevamente nuestra convocatoria está dirigida a buscar el esclarecimiento", concluyó.

Estaba previsto que Sofía Kaplinsky de Guterman, madre de una joven víctima del atentado, fuera una de las oradoras. Pero, por motivos de salud no pudo participar. Sin embargo, se leyó su poema alusivo "Nosotros los muertos", que cerró el acto con un clima de profunda emoción.