El año pasado, denuncias aisladas sobre faltante de azúcar en las góndolas generaron una reacción inmediata y tal vez desmedida del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, el funcionario encargado de velar por los derechos de los consumidores argentinos. Sin perder tiempo, sancionó a los azucareros con una restricción a las exportaciones y los obligó a que sigan cumpliendo con la entrega mensual de una cuota de azúcar a precios de quebranto. Así, el ingenio Ledesma tuvo que promover el ingreso del producto de Brasil, que aún hoy se oferta en los supermercados. Desde el punto de vista de la eficiencia en la gestión, habría que ponerle un 10 a Moreno por los reflejos que exhibió para neutralizar una situación irregular que afectaba a la población, como sería el faltante de un alimento básico como el azúcar. Lástima que no mostró la misma cintura para atender el problema del desabastecimiento de combustibles, que a priori parece ser un poco más serio que un faltante circunstancial de azúcar. Salvo, claro, que la situación de los hidrocarburos sea más compleja que lo que se cree, e incluso que lo que está dispuesto a admitir el Gobierno nacional.

¿Tendrá algo que ver la seguidilla de elecciones en circuitos claves como la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba con el hecho de que el faltante de naftas y gasoil se evidenció más en las provincias del norte del país que de la Pampa Húmeda para abajo? Los mal pensados opinan que sí, que el Gobierno desvistió un santo para vestir otro, y que evitó que la crisis de los combustibles pusiera de mal humor a los votantes de los tres principales distritos electorales del país. Total, Salta y Catamarca ya renovaron autoridades afines al oficialismo nacional,y se tiene certeza de que Tucumán y Jujuy no darán problemas, ni en la elección de sus propios gobernantes, ni en la reelección de Cristina Fernández como primera mandataria.

Desde el Gobierno, algunos funcionarios salieron a ensayar argumentos que seguramente convencieron -o no- a los habitantes del centro y sur del país, pero tal vez no tanto a quienes viven en la parte norte. El secretario de Transporte, Juan Pablo Schiavi, justificó el faltante de combustibles en la Argentina a que "hubo un pico de consumo y hay mucha gente trasladándose por el país por el tema de la Copa América, y esto derivó en algunos problemas de logística". Por su parte, el subsecretario de Coordinación y Control de Gestión del ministerio de Planificación, Roberto Baratta, dijo que no habrá faltante de combustible y pidió a los ciudadanos que no crean en operaciones mediáticas. Interesantes fueron también las expresiones del ministro de Economía y candidato a vicepresidente, Amado Boudou, quien relativizó los problemas de abastecimiento de combustible en el país. "Yo he estado andando y no veo falta, lo que veo es alguna cola adicional", sostuvo. Los argumentos de los funcionarios tucumanos tampoco parecieron condecirse con el malestar y la tremenda irritación que sufren a diario quienes deben desperdiciar horas de su vida en hacer larguísimas filas para cargar unos pesos de nafta o gasoil.

El desabastecimiento de combustibles en tiempos electorales puso en evidencia los alcances reales de una crisis energética que está a sólo un par de años de cumplir una década, a caballo de una política estatal intervencionista que redujo a su mínima expresión el negocio de petroleras, transportistas y distribuidoras de gas y de combustibles. La carestía evidente de gas y de naftas que se sufre hoy en día es el precio a pagar por la desinversión en un sector estratégico como el energético, aunque el Gobierno pretenda disfrazar la crisis de operación de los medios de comunicación.