Cuando Brasil comenzó errando su primera penal se despertó el interés, al cabo de un partido que había inspirado pocas exclamaciones. Tres pelotas lanzadas al cielo y una atajada llevaron a diferentes comparaciones: "¿han estado viendo videos de Palermo los muchachos?"; "me hace acordar al Boca de Lavolpe"; "nosotros metimos cuatro penales; a estos los van a matar"; "no estábamos tan mal nosotros"; y "que no te sorprenda que Paraguay gane la Copa América sin haber ganado un solo partido". Después llegó el encuentro entre Venezuela y Chile: los apoyos en la redacción, que iban parejos hasta el gol del empate de Chile, se volcaron notoriamente hacia el esfuerzo de la selección trasandina por llegar de nuevo, de modo desesperado, a la inalcanzable paridad. No se cumplió la opinión de que el equipo de Borghi tenía mejores condiciones. Al final de este domingo sin Argentina en la competencia, quedó la sentencia de uno de los periodistas: "esta es la Copa de las lágrimas".