BUENOS AIRES.- Cada mes, el aparato oficial tiene reservados tres días para dar rienda suelta a su optimismo estadístico. Julio no será la excepción.
Uno de esos días es conocido por toda un país que ya ni se molesta en refutarlo: tiene lugar en la segunda semana y es el índice de precios al consumidor difundido por el Indec. De tan recurrente, el tema excede el análisis económico para entrar por estos días en la esfera del Derecho Penal (pueden dar fe de ello varios consultores y el secretario de Comercio Interior), pero inexplicablemente no apareció aún un psicólogo social que diga por qué una sociedad en pleno acepta sin mayores traumas que el Gobierno nacional le mienta 55 veces seguidas.
Las otras dos fechas no son tan populares. Una es el primer o segundo día hábil, cuando se presenta la recaudación impositiva y previsional del mes anterior. La otra, entre la tercera y cuarta semana, se refiere a las cuentas del Tesoro, que establece el resultado de restarle los gastos a los ingresos del informe precedente... o al menos debería ser así. Porque a la hora de dibujar, el Indec no está solo.
Muchos economistas vienen asegurando hace bastante tiempo que el superávit primario que mes a mes da a conocer la Secretaría de Hacienda es en realidad un déficit cada vez más abultado y disfrazado con recursos provistos por el Banco Central y la Anses.
En estos dos casos habrá que admitir que al menos, a diferencia de lo que ocurre con la inflación en el Indec, los datos no desaparecieron por arte de magia y pueden ser rastreados -si bien la tarea no es de fácil acceso- con el contraste de los balances de los organismos involucrados: en definitiva, lo que figura en el "debe" de uno está en el "haber" del otro y viceversa.
Habrá que conceder que, a diferencia de lo que ocurre con el índice de precios al consumidor, el dibujo en el plano fiscal no roza el plano delictivo, y ningún técnico de la Secretaría de Hacienda fue sometido a alguna clase de apremios para perpetrar manipulaciones en los datos.
No se informa
El engaño reside en que los organismos públicos no dan a publicidad la información completa y todo queda reducido a un simple título que da cuenta de las bondades de un modelo que permite embolsar un superávit millonario. Milagros de una síntesis interesada, que oculta más de lo que pretende mostrar.
De acuerdo con la metodología de la Contaduría General, esos recursos que pasan del BCRA y la Anses a la Tesorería están comprendidos en el ítem "rentas de la propiedad". Un repaso sobre cómo fue creciendo ese rubro en relación a la recaudación impositiva puede ser de una gran ayuda para comprobar cómo se está disimulando el déficit con recursos jubilatorios (por fuera de los aportes y contribuciones de la seguridad social) y utilidades, adelantos o reservas de "libre disponibilidad" de la autoridad monetaria.
En los primeros años del kirchnerismo, la participación de los ingresos tributarios, dentro del total de ingresos corrientes, se ubicaba entre el 78 y el 80%: 78,75% en 2003, 79,62% en 2004, 80,84% en 2005 y 78,52% en 2006. Por entonces, las rentas de la propiedad tenían una participación marginal, con 0,92% del total de ingresos corrientes en 2003; 1,35% en 2004; 0,59% en 2005, y 2,05% en 2006. Y dentro de esas rentas, las correspondientes a Instituciones de la Seguridad Social (ISS) eran menos que insignificantes. En 2003 fueron medio millón de pesos que representaron el 0,0006%, que subieron al 0,007% en 2004, al 0,03% en 2005 y al 0,18% en 2006.
La sucesión de números da la pauta de lo que ocurría en la primera etapa del kirchnerismo en materia de recaudación. Cuatro de cada cinco pesos provenían de impuestos. Pero, al igual que en el Indec, 2007 fue el año del punto de quiebre. Ese año, la participación de los ingresos tributarios cayó abruptamente al 66,77%. De cada tres pesos, uno no proviene de los impuestos. Rentas de la propiedad continuó su ascenso, aunque aún con un módico 2,61%, al igual que el 0,51% de ISS.
La tendencia creciente se confirmó en 2008, pero se desató con toda la furia al año siguiente. Así fue que en 2009 los ingresos tributarios cayeron al 57,77% (23 puntos menos que cuatro años atrás), Rentas de la propiedad al 6,05% y dentro de ella, las rentas de la Anses treparon al 3,2%, seis veces más que dos años antes.
Recursos adicionales
La desigual evolución de los recursos, con una caída relativa de los ingresos tributarios y subas notorias en recursos previsionales y del BCRA, no era más que el reflejo de un aparato estatal que comenzaba a crujir y necesitaba de recursos adicionales para financiarse. Es en ese contexto en el que debe analizarse el repentino interés del Gobierno por estatizar los fondos de jubilaciones y pensiones, tal como ocurrió en octubre de 2008.
Designación de Boudou
La designación como candidato a vicepresidente de Amado Boudou, quien por entonces dirigía la Anses y le presentó a la presidenta Cristina Kirchner la propuesta, no deja de ser un reconocimiento a quien abrió las puertas del financiamiento corriente a base de recursos de los jubilados, que en los siete años que van de 2003 a 2010 aumentaron el 172%.
No hay prueba más contundente de los aportes del Banco Central y la Anses a la Tesorería que comparar las situaciones con y sin esos recursos. El ejercicio 2010 cerró con un superávit primario de 25.115,1 millones de pesos y uno financiero de 3.067,9 millones. Sin la inestimable colaboración de las Rentas de la propiedad, hubiera habido un déficit primario de 7.018,3 millones y uno financiero de 29.065,5 millones.
El afán por dibujar se mantiene firme en lo que va del año y todo hace prever que el ejercicio cerrará con proporciones similares a las del año pasado. Como para que en el Indec se sientan acompañados.