Novela
TERRITORIO DE PENUMBRAS
CRISTINA BAJO
(Sudamericana - Buenos  Aires)

Cuando uno alude a la provincia de Córdoba por lo general se evoca el rumor de sus arroyos, el perfume de sus hierbas y la pronunciación con vocales alargadas de sus habitantes. Pocas veces advertimos que por su ubicación y conformación social, la provincia tuvo un papel definitivo en la organización de nuestro país en los tiempos de las guerras civiles.
Este libro de Cristina Bajo (Córdoba, 1937) continúa la saga de una familia, presentando a través sus integrantes las luchas internas de un país vapuleado por las confrontaciones que se dieron entre 1841 y 1843, un período en el que se determinó, en gran medida, el destino socioeconómico del país y de esa provincia, especialmente debido a la brutalidad desatada por las fuerzas de Oribe y Pacheco
De ahí que ahora, en este cuarto libro de la historia de los Osorio, la autora plantee y desarrolle magistralmente cómo esta situación incidió también en los afectos dentro de una sociedad donde las mujeres criaban a los hijos, sostenían a sus hombres e incluso tomaban las armas. Pero también de considerarlo necesario, no dudaban en dejar todo y huir con sus amantes a pesar del escándalo suscitado en la pacata sociedad de la época.
Así, si bien asistimos a los jugosos diálogos de emigrados como los hermanos Cané, Esteban Echeverría o José Mármol, preocupados no solo por la organización nacional sino también por las hermosas jovencitas que se encuentran a su arribo, lejos estamos de visiones edulcoradas al estilo de Lo que el viento se llevó sino que claramente se muestra la intimidad despiadada y compleja de un país que, como triste constante, siempre se está debatiendo entre polaridades extremas.
La historia de amor entre Fernando, integrante de la rica familia de estancieros Osorio y los encuentros con su prima, la hermosa Ignacia, establece una relación con pasiones extremas enlazadas en  un contexto sinuoso de pliegues, cráteres y cúspides, desarrollada mediante una narración minuciosa donde serán los pequeños objetos, muchas veces banales, los que definirán el carácter de los personajes en el marco de un paisaje en el que la misma naturaleza configura un himno a su historia de amor.
Por su parte, la historia y la ficción aparecen imbricadas en esta novela, conformado un friso en el que negros, indios, mulatos, extranjeros y criollos se relacionan fluctuando entre los  diversos grados que van desde la paz a la violencia, al punto que resulta impresionante y sobrecogedora la descripción del degüello de Marco de Avellaneda, el Mártir de Metán.          
 Por todo lo señalado, entonces, no es difícil identificarse con los personajes de ficción y más aún con los de nuestra propia historia, quienes, al estar delineados lejos de la inmutabilidad del bronce y de los clichés escolares, se nos muestran sensibles, aguerridos, profundamente humanos.

Elisa Cohen de Chervonagura

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