Partió a la ciudad de Buenos Aires con el título de abogado recién conquistado; 15 años después, se prepara para regresar a su provincia como juez federal. En el medio, Fernando Luis Rodolfo Poviña hizo una veloz carrera en el Poder Judicial de la Nación, se especializó en Derecho Penal y rindió los concursos que convocó el Consejo de la Magistratura de la Nación (CM) para llenar las vacantes de los juzgados federales de Tucumán. Durante casi tres años esperó la noticia que, por fin, recibió este lunes: el Poder Ejecutivo de la Nación (PEN) escogió su nombre para el Juzgado Federal Nº2.
Si el Senado presta acuerdo a su pliego -trámite que no suele deparar sorpresas-, el secretario de una de las salas de la Cámara Nacional de Casación Penal relevará a Mario Racedo de la magistratura subrogante que este desempeña desde hace exactamente cinco años, cuando la unidad judicial quedó acéfala por la suspensión y posterior destitución de Felipe Terán.
En ese período, el CM sustanció un proceso de selección que concluyó con la proposición al PEN, en septiembre de 2008, de un cuarteto compuesto -por orden de mérito- por Edgardo López Herrera, Poviña, Daniel Bejas y José Manuel Díaz Vélez. En el ínterin, la presidenta Cristina Fernández designó a Bejas en el Juzgado Federal Nº1 de Tucumán -vacante por la renuncia de Jorge Parache- y a López Herrera en el Juzgado Federal Nº1 de Salta -el PEN envió el pliego al Senado la semana pasada-. En ese contexto, la elección de Poviña supone un avance esencial para la normalización de la institución tras el escándalo de los títulos de la deuda pública que derivó en la destitución de Terán y la renuncia de Parache.
Joven de todos modos
Durante todo ese tiempo, Poviña asegura que mantuvo sus expectativas de ser elegido en el cargo. Imbuido de aquella certeza, ayer decía a LA GACETA (por teléfono) que había sobrellevado con entereza la demora en la selección por la índole de las responsabilidades en juego. "Todos hemos pasado por la misma angustia: los finalistas del concurso y el juez subrogante. Son cambios institucionales muy importantes", ha definido el secretario.
Pero, como él predica, la vida sigue y conviene tomarla con calma. Por eso no se ilusiona con que el Senado dé acuerdo a su pliego antes de, por lo menos, tres meses más. "Es el plazo promedio para este tipo de trámites, pero nadie sabe qué puede pasar en un año electoral", apuntó Poviña, que también participó en los concursos para llenar vacantes en el Tribunal Oral en lo Criminal Federal de Tucumán y en el Juzgado Federal Nº1 (terminó en quinto y tercer lugar respectivamente).
Pase el tiempo que pase de aquí en adelante, Poviña, de 39 años, seguirá siendo joven cuando asuma su cargo (el más joven de los magistrados federales tucumanos). "Es un honor que me concedan esta oportunidad a esta edad. Pero me siento con todas las condiciones. Más allá de mi juventud, sé que es el momento adecuado y que, en el ejercicio de la magistratura, va a ayudarme mi experiencia en la Justicia donde fui relator, prosecretario y secretario. He dedicado mi vida a trabajar en los Tribunales y en la universidad", ha matizado con entusiasmo.
Y ha recordado que la gente arma su historia en función de las opciones que aparecen en el camino. En estos 15 años, Poviña cruzó el país de norte a sur y viceversa siempre que pudo. Desde hace rato buscaba la oportunidad laboral que le permitiese regresar a Tucumán. Con la alegría de hallarse cerca de concretar este proyecto, Poviña se ha definido ayer como tucumano y ha decretado que estaba listo para dejar atrás su vida en la ciudad de Buenos Aires.