CÓRDOBA.- El deseo de borrar de la memoria el pálido 0 a 0 con Venezuela está firme como rulo de estatua. Brasil camina por el debe, se mira y toca en el mismo espejo siniestro, antes usado por Argentina. Los dos grandes de estas latitudes no convencen, aburren y hasta dan la sensación de estar montados en una bicicleta sin frenos y pedaleando por una pendiente de 90 grados llena de riscos.
El choque de hoy contra Paraguay será demasiado complicado para los multicampeones del mundo. Brasil jugará contra el 11 guerrero de Martino y a su vez contra Brasil mismo. El plantel deberá exponer en la cancha la misma diversión y garra con la que se lo vio ayer en el "Mario Alberto Kempes". Hubo fiesta, de la linda para los periodistas gracias a los jugadores que regalaron los hijos de Mano Menezes. No tuvo desperdicio la sesión en el ex Chateau Carreras. Quizás, el hecho de haberle amagado como se le amagó a la prensa internacional en la conferencia de prensa del mediodía haya sido el detonante para semejante tarde. Se pidió paciencia mientras atendían a los reporteros brasileños, se la dieron. Sin embargo, después se borraron del mapa, sin dar mucho lugar a las preguntas. Marche un calabozo para André Santos y Elano.
Fantasía
Después de un loco corto y de un par de vueltas de precalentamiento, el "jogo bonito" se infiltró en el césped del teatro de cemento cordobés. Sobró magia, en especial de los atrevidos: Neymar,Dani Alves y del cuestionado Robinho. El DT pidió un pase preciso por posesión, llegadas con peligro y goles en lo posible. Al pie de la letra acataron sus discípulos. Incluso, los "cariocas" vivieron con tanta intensidad el fútbol reducido que alguna pierna se fue de tema. Ni hablar si había un tanto regalado, producto de algún error. Bramaban los arqueros.
El primero en sufrir fue Julio César. Pato y Robinho le balearon los tres palos, mientras sus centrales miraban al techo. La respuesta no tardó en llegar, de la mano de Neymar y Fred, hombre dueño del premio al tiro a la nubes. El crack de San Pablo quemó una pelota a la Vía Láctea estando a menos de tres metros de la línea prometida.
Entre bromas cargadas de rabia, roce al límite y corazón a flor de piel, un juez improvisado cortó por lo sano. ¿El resultado? Muchos goles para uno y para el otro; empate técnico podría haber sido, aunque algunas caras rojas delataban lo contrario.
Entre dos fuegos
El cierre pasó las fronteras de la satisfacción. Tiros de corta y media distancia, manos a manos con asistencia previa y penales a todo o nada le bajaron la persiana a un viernes de lujo. Los arqueros suplentes, uno morocho como el carbón y otro tirando a blanco crema chantilly, se calzaron los trajes de verdugos. Castigaron a los "vivos". Puntos aparte.
La técnica de Fred roza el límite: desde que arranca hasta que patea, el nueve no le saca la vista a las manos del rival. Parecería que intenta hipnotizarlo. De hecho, lo concretó al inicio del baile, pero después fue el primero en caer con los pies para adelante cuando comenzó el show de las delicadezas. Neymar picó un par de pelotas maravillosas, Pato buscó los ángulos y los tiros con marcha de tortuga, suaves como el aloe vera. La última la despachó Alves.
Se fue hasta Jamaica y volvió hecho en rayo a conectar el balón. A centímetros de la zona de golpeo puso el freno y acarició el cuero. Golazo, dedos levantados y miradas de gastadas hacia el smigo derribado. "Espero que juegues así mañana (por hoy); que le pegues igual si te toca una", soltó la lengua el arquero y soltó una risotada cómplice. Tan cómplice que Dani asintió y aceptó el reto, con los dientes apretados.