JUBA/JARTUM.- Desde hoy, el mundo tiene una nueva Nación. A partir de la medianoche, nació el país africano número 54: Sudán del Sur (cuya capital es Juba) se independizó de su homónimo del Norte, y uno de los territorios más grandes de África, ubicado en el Este, quedó dividido en dos. El flamante Estado enfrenta una situación social inquietante. Con una extensión de casi 590.000 km2 y 8,5 millones de habitantes, sólo un 40% de los varones y el 16% de las mujeres saben leer y escribir. Dos terceras partes de sus habitantes carecen de asistencia sanitaria básica, y la mayor parte vive en la pobreza extrema.

El Fondo de la ONU para la Infancia (Unicef) y Médicos Sin Fronteras (MSF) alertaron contra una masiva crisis humanitaria. "Las enfermedades se expanden, el hambre aumenta, y cientos de miles de desplazados necesitan ayuda, sostuvo Frank Dörner, titular de MSF, mientras que el director de Unicef, Anthony Lake, advirtió que "uno de cada nueve niños muere antes de cumplir los cinco años".

De este modo finalizan más 20 años de una guerra civil que formalmente concluyó con un pacto de paz en 2005, y que tuvo su pico de sangre en Darfur. Sin embargo, subsiste el temor de nuevos episodios de violencia, como el registrado semanas atrás en la rica región petrolera de Abyei, disputada tanto por el norte (su población es mayoritariamente árabe musulmán) como por el sur (donde predomina la raza negra). El trazado de la frontera es todavía motivo de controversias en amplios tramos en una región que limita con República Centroafricana, Chad y Libia.

En el plebiscito del 7 de febrero, los partidarios de la independencia superaron el 98% de los votos. "¡Vamos a tener nuestro propio Estado! ¡Somos libres! Mis hijos no sabrán lo que significa ser un refugiado, crecerán en su propio país", dice David Akol, quien pasó su infancia en un campamento en Uganda.

Los analistas no comparten esa alegría; son escépticos y temen que las cicatrices de los conflictos no desaparezcan fácilmente en el nuevo Estado. Aún circulan muchas armas en el territorio y muchos jóvenes sólo conocen la fuerza como solución a los conflictos: milicias incontrolables siguen luchando por su parcela de poder; grupos étnicos pelean por tierra y agua, y la Policía y el sistema judicial están desbordados para poner orden en medio del caos. El Vaticano instó a la comunidad internacional a mantener un "diálogo franco, pacífico y constructivo" con las autoridades del país, con la esperanza de que "se encuentren soluciones equitativas a las cuestiones pendientes en un camino de paz, libertad (en particular, la religiosa), desarrollo, reconciliación y respeto de los derechos de todos". (Especial-Reuters-DPA-AFP-Télam)