Los mendigos y el tirano desenrolla el espeso y promiscuo hilo íntimo de la historia local, y rastrea una serie de detalles excluidos de la versión oficial. El libro es, sin embargo, un reportaje difícil de digerir, una investigación necesaria, pero no por ello tranquilizadora o feliz. Sus 232 páginas evocan un pasado mortificante cuya revisión, 34 años después, agita los peores sueños que el despotismo albergó, y se empeñó en materializar con implacable eficacia y espeluznante resultado.
La narración de Pablo Calvo, periodista e investigador, documenta los extremos de realidad del macabro anhelo estético que en 1977 pretendió erradicar a los linyeras que "afeaban" la Capital provincial. Con ese lunático fin, un camión oficial, cargado de 25 hombres y mujeres aprehendidos en la calle, cruzó la frontera con Catamarca en una mañana helada de julio. A punta de fusil, los oficiales abandonaron a cuentagotas su cargamento a la vera del camino sin prever (o subestimando) la capacidad de supervivencia de los linyeras y la potencia de la voz colectiva que durante décadas alimentó el recuerdo de aquel nefasto episodio acaecido bajo el gobierno de facto de Antonio Domingo Bussi -foto-.
Restablecida la democracia, el calvario de los "sintecho" encontró asilo en la pluma del más célebre contador de historias que procreó Tucumán, Tomás Eloy Martínez. El periodismo y la literatura compensaban así la ausencia de una pesquisa judicial: Calvo mete el dedo en la llaga al recordar que ninguna autoridad se ocupó del caso. Los mendigos sufrieron un destierro doble: el que en su momento propugnó el régimen con la fuerza de las armas y el que, después de 1983, convalidaron las instituciones a fuerza de una fría e inconcebible indiferencia.
La prosa justiciera de Martínez trascendió, sin embargo, los límites del mero articulismo de opinión. El provocativo primer texto sobre el tema (publicado en 2004, en el diario La Nación) atizó la ira de Bussi -"pequeño tirano", lo llamó el padre de Santa Evita (1995)- y la curiosidad de Calvo por la tragedia de la veintena de errantes tucumanos. Los mendigos... es el último fruto de aquella pieza emblemática para el derrotero de la libertad de expresión en Argentina, y para el declive de la imagen y popularidad del ex militar entrerriano.
Dicha obra profundiza la intervención de Martínez y la de los que lo precedieron en la recreación de una de las iniciativas más crueles y desquiciadas de la dictadura. El empeño contrarresta al olvido y la acción del tiempo, que apagó las vidas de todos los protagonistas centrales de la operación con la excepción de Bussi -a quien Calvo intentó entrevistar sin éxito- y posiblemente de Héctor Mario Schwab, ex subordinado del primero y prófugo de la Justicia.
Publicado en LA GACETA
El libro no concluye cuando acaba. Calvo deja en el lector aunque más no sean reminicencias atenuadas de la impotencia que sintieron todos los que se animaron a denunciar la emboscada. Martínez explicitó aquel malestar en La justicia y la ley, texto que publicaron en LA GACETA y La Nación ocho meses antes de conocer la sentencia que lo eximiría de pagar los $ 100.000 que el Bussi ofendido por lo de "pequeño tirano" le había reclamado.
En aquella nota, recordó a Pacheco, el único de los mendigos aprehendidos que conoció de cerca y el rostro que tuvo en la cabeza mientras escribía sobre la redada. En la memoria popular, Pacheco había muerto desesperado de sed mientras caminaba con dirección al Salar de Pipanaco, muy lejos del descampado donde fue abandonado. Con ese desenlace de leyenda, Martínez recordaba que cualquier cosa pudo ocurrir en tan horrorosas circunstancias. Clausurada la posibilidad de conocer la verdad sobre el caso, la mente quedaba habilitada para imaginar una crueldad eterna y sin paz comparable a las pesadillas que jamás se terminan de soñar. © LA GACETA