El alperovichismo no se olvida de dos nueve de julio; uno, el de 2004, cuando violentos enfrentamientos entre bandos sindicalistas -entonces enfrentados al Gobierno de José Alperovich- y de piqueteros le impidieron al entonces presidente, Néstor Kirchner, hablarle al pueblo en la plaza Independencia y lo obligaron a terminar sus actividades en el interior de la Casa de Gobierno. El otro, el de 2008, cuando el taficeño Juan Valdez murió aplastado por una tribuna que se derrumbó, minutos antes de que la presidenta, Cristina Fernández, brindara su mensaje a una multitud movilizada.
Violencia y muerte constituyen el fantasma de los festejos oficiales del Día de la Independencia, en la historia reciente.
El Gobierno provincial no quiere repetir esa parte de la historia. Y menos durante un año de elecciones en el que la mayoría de los funcionarios, incluida la Presidenta y el gobernador, competirán para ser reelegidos en el cargo.
A diferencia de aquel novel Gobierno de 2004, la administración alperovichista hoy tiene neutralizado el poder de acción sindical.
El principal escollo es el reclamo de los trabajadores del Siprosa, reunidos en el movimiento de autoconvocados y el sindicato Sitas. Estos quieren hacer llegar su demanda salarial a los oídos de la Presidenta, aunque es una decisión que tomarán en asamblea.
"Todavía no lo hemos decidido. Algunos compañeros lo han planteado, pero en estas situaciones tan complejas el esfuerzo (para llegar a la Presidenta) puede ser contraproducente", admitió la médica autoconvocada Estela Di Cola.
A su vez, el ministro del Interior, Osvaldo Jaldo, afirmó que los autoconvocados podrán seguir efectuando sus reclamos, pero pidió que no entorpezcan el desarrollo de los festejos: "el Gobierno va a ser muy respetuoso de las manifestaciones democráticas, siempre y cuando no lesionen los intereses de la organización, que no son otros que los de darles a los tucumanos la fiesta que corresponde".
El ministro de Seguridad, Mario López Herrera, confirmó a LA GACETA que 1.500 policías están afectados al operativo especial.
"Es un operativo que lleva muchas horas y despliegue en varios sectores. No es que en forma permanente estén afectados. Algunos irán a la Casa Histórica y otros, al hipódromo, en horarios diferentes, y serán relevados", aseveró.
López Herrera también se declaró confiado en que no se producirán inconvenientes. "Cada acto tiene su particularidad, según el momento político y social. En estas circunstancias hay una serie de factores que dan cuenta de una mayor tranquilidad. No obstante, hay una responsabilidad de la gente que conduce un sector determinado, que, si esperamos que lo haga correctamente, no deberíamos tener problemas", afirmó.
El Gobierno aprendió la lección y a partir de 2005 anuló todo tipo de enfrentamientos públicos durante los festejos de cada 9 de julio. Y da la sensación de que este año no será la excepción.
No obstante, el otro fantasma, el del 9 de julio de 2008, sobrevuela con más fuerza, porque es más reciente y trágico: además de la muerte de Valdez -era empleado municipal de Tafí Viejo- resultaron heridas 20 personas; todo a causa de una grada vencida por el peso de una muchedumbre movilizada para vitorear a la Presidenta, que entonces pidió un minuto de silencio.
"Volveremos al hipódromo, pero ahora usaremos sólo las tribunas del establecimiento. No vamos a agregar nada al escenario natural que ya tiene el Hipódromo", informó Jaldo. La organización y la conducta son las claves para ahuyentar a los fantasmas.