Mucho se ha escrito sobre las posibilidades de supervivencia del libro en soporte papel, frente al avance de los sistemas electrónicos. La opinión más sensata parece ser aquella que sostiene que ambas formas pueden perfectamente convivir, al menos durante varios años todavía. Es visible que así lo piensan las editoriales de libros de papel, que cada día lanzan a la venta nuevos títulos. Y obvio es decir que, si los editan, es porque tienen la seguridad de que habrá una redituable cantidad de público dispuesta a adquirirlos.
En las mesas de las librerías y en los quioscos de nuestra ciudad se aprecia una abundante oferta de libros, que a cada rato se renueva. Todos están impresos en Buenos Aires o en países extranjeros. Y resulta curioso que en tan nutrida propuesta no se cuente con un lugar para la producción de nuestra provincia y de la región NOA.
Para nadie es un secreto que en Tucumán se edita una significativa cantidad de libros, dedicados a los más diversos géneros. Llevan el sello de instituciones de la provincia, o de editoriales nuestras, o se trata de ediciones costeadas por su autor. Puede dar una idea de la importante cantidad que suman, las informaciones -que a cada rato publicamos- sobre los respectivos actos de su presentación.
Pero los afectos a la lectura saben que, si no se concurre a esa presentación y se compra allí mismo el ejemplar, luego resulta notablemente difícil conseguirlo. Los autores son reacios a llevarlos a las librerías de la ciudad -que no son demasiadas- ya que, o su sistema de venta no los acepta, o pretenden un porcentaje que el autor considera demasiado elevado, sobre el precio de tapa. Con las ediciones de nuestras universidades ocurre algo similar. Adquirirlas requiere trasladarse hasta las facultades, o hasta las librerías oficiales, que están fuera del radio céntrico.
Sucede que el circuito del libro solamente se cierra positivamente cuando el tomo llega con la máxima facilidad posible a las manos de su lector. Y ese lector camina por la zona comercial céntrica e ingresa a las librerías que tienen esa ubicación. Sólo quien esté muy interesado en alguna bibliografía, se traslada más lejos.
No parece descabellado sugerir que se estudie, dentro de la programación cultural del Estado, la posibilidad de instalar, en algún local de pleno centro comercial, una librería dedicada exclusivamente a las ediciones impresas en Tucumán, o referidas a temas tucumanos, o provenientes del NOA. Esto último porque adquirir aquí un libro impreso en cualquiera de las provincias vecinas -que producen abundante literatura de creación y de investigación- resulta prácticamente imposible. De esta manera se vendría a fomentar la tarea de autores a quienes se les hace difícil llegar al público, por más esfuerzos que hagan.
Desde todos los ámbitos se proclama, como una necesidad imperiosa de nuestra vida espiritual, la de instalar el hábito de la lectura en las personas de toda edad. Pensamos que, dentro de esa lectura, debiera existir un lugar para la creación generada en Tucumán. Ella siempre aparece postergada, con respecto a lo que imprimen Buenos Aires y el extranjero. Puesto que hoy no están dadas las condiciones ideales para difundir las ediciones de Tucumán y de la región, es necesario crearlas. No se trata de una iniciativa demasiado costosa, y su rédito cultural sería más que considerable. Convendría que nuestros organismos culturales lo mediten.