Doña "Pocha" se quebraba cada vez que alguien le preguntaba lo que había pasado. Las lágrimas le brotaban incesantes cuando tenía que rememorar los instantes dolorosos. Sentada en una silla de plástico, le tocó presenciar los tres disparos que hirieron de gravedad a su nieto, cuando dos asaltantes intentaron robar en un drugstore.
En su casa ubicada en la esquina de México y Catamarca, Gabriel Castillo, de 35 años, abrió hace siete años su negocio. La clientela está compuesta sobre todo por familiares de pacientes que se encuentran internados en el hospital Avellaneda, al frente del drugstore.
Ayer, poco antes de las 18, Castillo atendía el negocio junto a Fabiana Millán (35). Unas cuatro clientas se encontraban en ese momento dentro del local. Doña "Pocha" los acompañaba, sentada en la silla con su bastón en la mano. "Entraron directo, muy rápido. Sólo recuerdo que uno de ellos tenía un arma y vino hacia nosotros", contó Millán.
La empleada se encontraba aún conmocionada por la situación vivida. Su relato era desordenado y los nervios sólo le permitían esbozar frases entrecortadas. "Gabriel lo empujó, y el ladrón respondió disparándole", dijo Millán.
Los delincuentes escaparon rápidamente. Castillo, a pesar de estar herido, corrió hasta la vereda. "Después volvió a entrar y se sacó las zapatillas. No se por qué lo hizo. Salió de nuevo a la vereda y ahí cayó; ya no le quedaban fuerzas", rememoró la empleada.
Millán corrió desesperada hasta el hospital Avellaneda, gritó en la guardia que le habían disparado a su jefe, tomó una camilla y volvió corriendo al local. "Pasó todo muy rápido. En un momento la veo a ella que volvía con alguien del hospital, con una camilla. Lo cargaron y, corriendo, lo llevaron a la guardia", comentó Marcia, una empleada del turno mañana, que vive a metros del local.
Castillo fue luego trasladado al Centro de Salud. Dos de los disparos habían impactado en sus piernas, y el tercero le perforó el abdomen. Lo operaron inmediatamente. "Una de las balas le perforó el intestino y salió por atrás. Los médicos me dijeron que pudieron extraerle las de las piernas, pero estamos esperando que terminen de operarlo", comentó anoche Claudia Almonacid, esposa de Castillo.
"Es la primera vez que nos asaltan en el negocio. Queremos que nos avisen cuando los atrapen, y ojalá que podamos salir de esta", expresó Almonacid.
Mientras tanto, en el negocio, las empleadas aguardaban la llegada de Criminalística. Adentro, las manchas de sangre se mezclaban con la mercadería esparcida en el suelo. Blanca Nieva, la abuela "Pocha" para el barrio, permanecía, entre sollozos, como una guardiana del negocio de su nieto, a la espera de que llegaran buenas noticias desde el hospital.