La Casa Histórica de Tucumán es el emblema de la provincia. En ella están subsumidos valores, historia, sueños, ideales y proyectos, individuales y colectivos. Hasta la marca Tucumán está impregnada del edificio que alguna vez fuera de doña Francisca Bazán de Laguna. El Poder Ejecutivo de la provincia ha tomado la decisión de envolverla con vallas. Estas, siempre representan una traba. Se convierten en un freno y ponerle vallas a la Casa Histórica significa alejarla de su emblema de libertad y de emancipación.
Desde hace un tiempo el Gobierno enfrenta un conflicto que aparentemente es insoluble: la protesta de los médicos autoconvocados. El reclamo de mejoras salariales de este grupo de trabajadores de la salud ha sido llevado adelante por fuera de las estructuras tradicionales que representan los gremios. Ello ha puesto al Poder Ejecutivo en una situación diferente. Los médicos nunca quedaron conformes con las propuestas oficiales y vienen fracasando todas las instancias mediadoras. En el último tiempo este movimiento denominado "autoconvocados" ha tenido manifestaciones en Buenos Aires y ha derivado en la instalación de carpas en la plaza Independencia, principal paseo de los Tucumanos.
El 9 de Julio se festejará un nuevo aniversario de la Declaración de la Independencia y la provincia será capital del país, tal cual lo dispuso un decreto presidencial de 1990. Ese día está prevista la visita de la presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner. La fecha vuelve a enfrentar a los "autoconvocados" y al Gobierno. Para los primeros es una oportunidad de darle trascendencia nacional al conflicto; para el Ejecutivo vuelve a instalarse la necesidad de mostrar una provincia en orden, sin conflicto y a la vez agasajar a quien será candidata a la reelección presidencial. El Gobierno se adelantó: temeroso de que las carpas no sólo estén en la plaza y se instalen en la Casa Histórica, decidió poner las vallas.
La necesidad de cerrarle el paso a la protesta ha dificultado, al mismo tiempo, la libre circulación a los transeúntes de la ciudad como a los turistas que tienen como visita obligada lo que ellos suelen llamar "Casita de Tucumán". La incapacidad para resolver un problema ha derivado en otros inconvenientes. No hace mucho tiempo en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, tanto la Casa Rosada como el Congreso y el Poder Judicial, eran edificios rodeados de vallas a raíz de las protestas que se sucedían. Tucumán se suma a ese escenario con este episodio. No puede dejar de entenderse que la actitud del Gobierno provincial responde a un intento por evitar presentar un 9 de Julio signado por el descontento de un sector importante de la población. Sin embargo, el esfuerzo debería tender a la búsqueda de una solución antes que al cierre de un paso único en todo el país como es el lugar donde se declaró la Independencia Nacional el 9 de Julio de 1816.
Cuando un gobierno llega a este tipo de medidas es porque está demostrando cierta impotencia y porque las instancias del diálogo se han vuelto completamente estériles.
Es importante que más allá de los hechos partidarios, el 9 de Julio sea un día de unión en el que todos los tucumanos compartan y disfruten orgullosos de su suelo y del lugar que les ha puesto la historia. Queda casi una decena de días en el que las partes podrían generar un esfuerzo para que el 9 de Julio sea una celebración a la que nadie le ponga vallas.