El campo como un espacio bucólico, totalmente diferenciado de la ciudad, ya es un imaginario casi en retirada: hoy, campo y ciudad dialogan entre sí, afirma Ana Rivas, una estudiosa de lo que se ha dado en llamar la "nueva ruralidad". De profesión geógrafa, interesada en la relación entre la gente y el espacio, la experta oriunda de Lules ha visto cómo las transformaciones sociales y productivas que trajo aparejada la modernización agroindustrial en su tierra natal no alcanzan para retener a los jóvenes, que terminan emigrando. Asimismo, en una investigación conjunta con su equipo del Instituto de Geografía de la UNT han puesto la lupa en el departamento Graneros, para analizar cómo impacta la pobreza en el campo tucumano.

- ¿Cuál es el imaginario de esta nueva ruralidad?

- Cada región tiene sus particularidades, con fuertes transformaciones pero con persistencia de elementos tradicionales; no todo se ha transformado. En Tucumán no hay un paisaje homogéneo. La nueva ruralidad aparece con todos los cambios que ha traído aparejado el desarrollo agroindustrial, con el avance de la citricultura, con la transformación de la agroindustria azucarera, con la transformación del Este tucumano a partir de la expansión agropecuaria, cuyo elemento dominante hoy es la soja. Empieza a observarse un proceso que va imponiendo la globalización en los espacios rurales. Se impone la necesidad de ver que esos espacios se están transformando, no sólo en términos productivos, sino también en términos sociales. Y esa articulación entre la transformación social y la que uno puede ver en términos productivos lleva a plantearse que hay que superar la idea de ver los espacios rurales como dicotómicos entre rurales y urbanos. Hay cambios que no se dan solamente en términos de producción. Empiezan a aparecer nuevas temáticas de análisis, como las actividades de servicios que aparecen en las áreas rurales, el empleo no rural, la multiocupación en las familias campesinas, el hecho de que esa familia ya no sólo vive de la actividad agropecuaria sino que la complementa con otros ingresos, la fuerte irrupción de la mujer. En América latina, esta perspectiva de ruralidad se empieza a discutir en los años 90. Pero en las escuelas no se discute ese concepto; seguimos enseñándoles en función de los viejos conceptos de lo rural y lo urbano. De eso se tratará el curso de actualización que les daremos a los profesores en agosto, en la Facultad de Filosofía y Letras.

- La crisis por las retenciones del 2008 ha mostrado ya esta nueva ruralidad...

- Muestra una nueva dinámica; hemos visto que aparecen nuevos actores; cuando a la gente le hablaban del pool de siembra, se imaginaban a un señor; y no, es una entidad económica financiera; no es una persona física, no es el productor italiano frutihortícola, el productor boliviano frutihortícola. Aparecen esas figuras en este contexto de transformación; la tercerización del mercado de trabajo, la venta de servicios por maquinaria, son elementos de esta nueva ruralidad.

La actividad sojera es otra lógica productiva. Si observamos la zona del Este de Burruyacu, o Salta, vemos que se ha convertido en expulsora de población. Es un continuum que parece que no tiene fronteras, un paisaje muy homogéneo; por eso se habla de la pampeanización del Este tucumano, con sus grandes extensiones y sus maquinarias.

-¿ Por qué han elegido Graneros como área de investigación?

- Queríamos observar de qué manera se expresa la pobreza en el área rural. Se observa un departamento territorialmente fragmentado: hacia el Oeste, con la agroindustria; y hacia el Este, marginal en muchos procesos, en el área de la llanura deprimida que limita con Santiago del Estero y con Catamarca. Cuando vimos esa fragmentación, decidimos quedarnos en el Este. En las primeras salidas de campo vimos un área caprina, de campesinado con población dispersa. Hicimos una encuesta y vimos que ese paisaje que parecía homogéneo no lo era. Comenzamos a ver que en cada área de la comuna de La Madrid hay, a su vez, pequeños espacios rurales con sus particularidades. Tanto a nivel productivo como social y de percepción del paisaje sojero. Al norte de la ruta 38, cerca de Las Termas, le preguntábamos a la gente si no encuentran menos bosque. Dicen, "no, no encontramos menos bosque". Y les preguntábamos, la soja, no genera menos bosque? Y dicen: "no". Esa población está de alguna manera articulada con ese bosque; pero hacia el sur uno observa que ya están las plantaciones de soja. Y la gente contesta: "ya no podemos tener animales, porque nos han cercado los campos". Ellos miran de otra manera el proceso, ya se sienten amenazados por esos procesos.

- ¿Porqué hay tanta pobreza en Graneros?

- Este estudio viene de una investigación más amplia sobre el Norte Grande y la pobreza que terminó en 2009, y que dirigía el profesor Bolsi. En ese estudio, entre los departamentos con niveles críticos está Graneros; y muy cerca, Simoca. Hoy, con las nuevas tecnologías se pueden superar las malas condiciones naturales. Graneros tiene un potencial, pero no logró arrancar porque no hay nuevas políticas de desarrollo rural. Hoy existen algunas líneas de pequeña economía familiar, pero son políticas solo direccionadas en términos productivos: no se contempla lo social. Un elemento protagónico de la nueva ruralidad es la mujer. En el caso de Graneros está el grupo Unidos del Sur, liderado por mujeres del Este del departamento que participan en foros nacionales. Algunas de estas familias aprendieron curtir el cuero con técnicos extensionistas del INTA, con desarrollo del Programa Social Agropecuario. Pero ahora no saben qué hacer con el cuero, no tienen la posibilidad de aprender técnicas que le den valor agregado, o insertarse en el mercado. Entonces se dicen: "para qué voy a curtir". Y lo que tienen, lo venden ocasionalmente.

- ¿Hay algún impacto social positivo en la soja?

- Para esta zona de Graneros, alguna gente indica que después de que se levanta la soja les permiten llevar los animales a comer el rastrojo; porque la gente que va a invertir ahí es de Concepción y de Aguilares. Pero hay mucha población masculina joven desempleada. Lo que sí fue una sorpresa para nosotros fue ver a varones de entre los 40 y los 50 años que están articulados con la actividad cañera, cuando nosotros pensábamos que la mecanización había borrado la articulación con el mercado de trabajo del ingenio.

- Usted ha estudiado la configuración de la producción frutihortícola en Lules, la presencia del inmigrante italiano primero y del inmigrante boliviano después. Si el campo es redituable, ¿por qué los jóvenes se van de Lules?

- Los jóvenes de ascendencia boliviana y los de ascendencia italiana, al acceder a la educación media y superior, se alejan de la actividad y no muestran interés por el agro. Eso se asocia a que la actividad está sujeta a situaciones de inestabilidad porque no hay políticas de desarrollo para el sector hortícola, que sigue siendo una actividad con fuerte inserción en el mercado interno. Entonces ellos, al ver que sus padres o abuelos han transitado por situaciones muy críticas, se alejan, ya que nunca ven horizontes firmes sino más bien de riesgo e incertidumbre. Además, no olvidemos que son producciones muy sensibles a fenómenos climáticos como las heladas o sequías, que pueden llevar a pérdidas importantes.

- ¿Cómo se configura en Lules esa nueva ruralidad?

- Este cinturón hortícola, al igual que toda la provincia de Tucumán, sigue la tendencia nacional orientada hacia una alta concentración de la tierra, como aparece ya en el último Censo Nacional Agropecuario 2002. A su vez, emergen nuevos actores: los empresarios (frutilleros) mantienen una organización productiva acorde las exigencias de un mercado globalizado y han implementado paquetes tecnológicos orientados a articular la fase productiva con la poscosecha. La práctica del enfriado y congelado de la fruta le ha permitido a Lules acceder a un mercado más diversificado y de exportación. La aplicación de nuevas tecnologías e insumos para la producción imprime cambios en el paisaje agrario; a lo largo de las rutas y caminos cercanos a la ciudad podés ver un espectro de colores superpuestos, donde se combinan estructuras de invernáculos, plantaciones de tomate a campo abierto, pequeñas parcelas con hortalizas de hojas y extensos campos cubiertos con plantas de frutilla.

- ¿Cómo se ha impreso la cultura del inmigrante boliviano en ese paisaje luleño?

- Por ejemplo, la participación de la celebración de la independencia de Bolivia el 6 de agosto; ya en estos últimos años, en esta fiesta no sólo participa la población de ascendencia boliviana sino también criollos y visitantes de otras localidades. Bailan sus danzas típica, con las coloridas vestimentas y se entregan los trofeos del campeonato de fútbol que vienen desarrollando en los meses anteriores a la fiesta.

Otro elemento llamativo es la participación de grupos de danzas en carnaval, cuando se desarrollan los corsos por la ciudad. Entre la comparsas están los grupos de danzas con sus ropas típicas y es muy llamativo ver como los criollos admiran y se alegran con sus danzas y ritmos típicos, como la danza de caporales y la saya. Otra señal de multiculturalismo es la vestimenta de las mujeres mayores con sus faldas largas y amplias, o la carga de bebés y niños sobre sus espaldas, envueltos en coloridas telas (aguayos). También es común ver a las mujeres bolivianas, vendedoras de verduras, con puestos callejeros o en verdulerías bien instaladas. Existen barrios, como el Oratorio, que son verdaderamente representativos porque residen familias enteras de ascendencia boliviana.