BUENOS AIRES.- El juez de la Corte Suprema, Raúl Zaffaroni desmintió los rumores que le atribuían estar trabajando detrás de un proyecto para instaurar un sistema parlamentario en la Argentina. Se vinculó el proyecto con el supuesto deseo presidencial de seguir en el poder más allá de 2015. Sólo el desconocimiento del funcionamiento del sistema parlamentario puede dar lugar a semejante malentendido. Al desmentir la noticia, Zaffaroni reiteró sus conocidas posiciones en contra del sistema presidencialista, que considera definitivamente agotado y sobre la conveniencia de ir a un parlamentario, siguiendo los lineamientos del modelo alemán.
Las tesis del actual ministro fueron expuestas hace años, en un difundido artículo de "Le Monde Diplomatique", de modo que sus posiciones no responden a cuestiones de coyuntura. Quizá, las desafortunadas declaraciones de la diputada K Diana Conti, asociando el sistema parlamentario con sus deseos de una "Cristina eterna", contribuyeron a sembrar la confusión.
El mandato de los Presidentes o Jefes del Estado en las repúblicas parlamentarias -cargo cuasi protocolar que no es el de Primer Ministro- está fijado en la Constitución y no contempla la reelección. Sí admite que el Primer Ministro (denominado Presidente del Gobierno en España) pueda ser nuevamente elegido, al renovarse las cámaras legislativas. En España, por ejemplo, la Legislatura dura cuatro años, aunque el Presidente del Gobierno puede disolver las cámaras anticipadamente. Al cabo de ese período hay elecciones generales y la Cámara de Diputados se renueva totalmente. Una mayoría absoluta de votos puede designar Presidente del Gobierno al diputado que lo había sido en la legislatura anterior.
En el sistema presidencialista, el Presidente es electo por un mandato fijo y durante ese tiempo no puede ser revocado, salvo un juicio político. En el parlamentario, en cambio, el Primer Ministro puede ser revocado en cualquier momento si una moción de censura, votada en Diputados, reúne la la mitad más uno de los votos. De modo que, lejos de contar con un mandato "eterno", el Primer Ministro puede ser despachado a casa en cualquier momento.
Esta es la enorme ventaja que ofrece el sistema parlamentario sobre el sistema presidencialista. La posibilidad de que si el Primer Ministro -o Presidente del Gobierno- comete graves desatinos, puede ser echado con la misma facilidad que la Comisión Directiva de un club de fútbol se desprende de un DT ineficaz.