Fue una semana ilógica. Hasta el fútbol mostró que algo estaba fuera del eje al que estamos acostumbrados. Los hinchas (de River, no de San Martín) no pudieron soportar la lógica de los hechos. Pero no fue la pasión futbolera la que hizo forzar los acontecimientos de siete días cargados de sorpresas y de tensiones; también se impusieron otros intereses que debieran regir a todos los mortales.

La Legislatura volvió a ser el apéndice de los caprichos de un gobernador que necesita que las cosas sean como él quiere para estar tranquilo. El viernes, los alperovichistas crearon una nueva Junta Electoral como quisieron, y no respetando lo que dijo la Justicia. Es más, algunos legisladores -como Antonio Raed- se preocuparon por criticar el fallo en el que se les ordenaba a los representantes del pueblo modificar la Junta Electoral integrada por una mayoría política (el vicegobernador y el fiscal de Estado) y por un miembro de la Justicia (el presidente de la Corte).

Un repaso de los hechos deja la impresión de que lo que importa es el capricho del gobernador y no el respeto a las instituciones. La conformación de la Junta Electoral daba inseguridad jurídica para cualquier planteo. Durante cinco años se dirimió su legalidad. La Sala II de la Cámara en lo Contencioso Administrativo dijo que era inconstitucional. El Gobierno pleiteó todo lo que pudo hasta que finalmente el Poder Ejecutivo (José Alperovich) dijo no va más, y abandonó el juicio aceptando su fallo.

Si el oficialismo aceptó los argumentos de la sentencia, ¿para qué Raed se desgañita gritando en contra de él? En todo caso, pudo haber colaborado con sus razonamientos jurídicos para seguir el pleito en vez de dejarlos en el recinto. O Raed no tiene ningún poder per se y es un títere del primer mandatario o simplemente no está dispuesto a acatar lo que dice la Justicia.

El fallo de los jueces Rodolfo Novillo y Carlos Giovaniello dice concretamente que se tiene que conformar una nueva Junta Electoral Provincial (JEP). Además precisa que la nueva composición debe seguir estrictamente ciertos criterios. Según los vocales de la Sala II, la Convención Americana de Derechos Humanos exige que el órgano de fiscalización de los comicios garantice el principio de igualdad y no discriminación. De acuerdo con esa interpretación judicial del orden normativo provincial, nacional e internacional, cualquier composición de la JEP que carezca de independencia indubitable del poder político será inconstitucional. Esa hipótesis comprendería a toda representación política -aun cuando tuviese carácter minoritario- y, desde luego, al vicegobernador, a quien el fallo define como "pieza clave" de la estructura oficialista. En este sentido, sólo una junta plenamente integrada por miembros de la Justicia se ajustaría al contenido de la sentencia de Cámara que el Gobierno desistió de discutir en la Corte.

De nuevo vale repasar. El Gobierno aceptó el fallo y la Legislatura se reunió para cumplirlo, pero no lo cumplió.

El objetivo parece ser que el que manda es el alperovichismo y punto. La nueva Junta Electoral (como fue durante décadas anteriores vale aclarar) sacó al fiscal de Estado y puso al Ministro Fiscal, pero quedó el vicegobernador. Novillo y Giovaniello habían recurrido a los Derechos Humanos para darle equidad, equilibrio y transparencia a quienes cuidan una elección, pero los legisladores preocupados por cumplir lo que les dice José, hasta de la invocación de los Derechos Humanos se olvidaron.

Úselo y tírelo
Al que le quedó claro que en la política no hay ninguna lógica fue a Gerónimo Vargas Aignasse. El diputado nacional defendió siempre al kirchnerismo. Hasta a la impresentable causa Skanska llegó a ponerle la cara, cosa que no cualquiera hizo. Sin embargo, quedó fuera de la lista de candidatos a diputados. Fue Alperovich quien le bajó el pulgar, pero ningún kirchnerista intentó rebatirlo. Lo usaron y lo tiraron. Vargas Aignasse vuelve a la pelea en el distrito tucumano, pero en este último tiempo dejó una herida que jamás podrá cauterizar el alperovichismo: la aceptación de tránsfugas bussistas que hoy se visten con la camiseta alperovichista. En ese lote se anotan Javier Morof, Carlos Canevaro, Miguel Brito, quienes fueron hombres de la Fuerza Republicana del condenado Antonio Domingo Bussi y ahora son candidatos que se cubren bajo el paraguas kirchnerista del Frente para la Victoria. Todos ellos, que alguna vez se mostraron junto al ex general o a alguno de sus hijos, hoy aparecen firmando con Alperovich.

Al borde del nocaut
No sólo el oficialismo es un muestrario de contradicciones. La Unión Cívica Radical es lo más parecido a esos boxeadores groggies. Luce desorientada, mareada, sin reflejos.

Resulta que la Convención Nacional del radicalismo aprobó que el compañero de fórmula de Ricardo Alfonsín fuera un extrapartidario y permitió que los candidatos nacionales (no los del distrito provincial) pueden ser extrapartidarios. El senador José Cano a través de su coequiper, el campestre Juan Casañas, le propuso a José Manuel Avellaneda la candidatura a diputado nacional. La idea cuajaba porque era una candidatura extrapartidaria nacional (no provincial) que fortalecía un armado (UCR-campo) que ya le había dado resultados positivos. Sin embargo, los radicales entraron en un estado de crispación. Unos se rasgaron las vestiduras porque se traía a alguien de la Sociedad Rural, olvidándose de que Casañas es diputado. Otros argumentaron que la Convención Radical provincial no lo autorizaba y que se necesitaban los dos tercios para hacerlo. Lo cierto es que nunca se reunió la convención de ese partido. Pero tampoco hacía falta porque la autoridad nacional sí lo permitía y de alguna manera la fórmula presidencial estaba marcando el camino. Entre la ignorancia y las mezquindades se terminó haciendo un papelón más y no se respetaron las reglas de juego, tan luego en la centenaria casa radical. En medio de la confusión, el silencioso Casañas salió a defender la parada señalando los vericuetos que tiene la política. No es la primera vez que se pone afuera quien desde hace tiempo participa de los teje y manejes partidarios.

El primo Benjamín
Estos problemas ni los tiene ni los afecta a los peronistas. En el Frente para la Victoria, Alperovich hizo una lista que nadie discute. La llenó con familiares y amigos y la llevó a Buenos Aires. Allá sólo le pidieron que incorporara a un hombre de La Cámpora: Marcelo Santillán, quien es funcionario del Anses. Alfredo Dato encabezará la nómina. Es un Midista devenido peronista que tuvo la generosidad de entregar una poltrona de vocal de la Corte cuando José se lo pidió y todavía le pagan semejante acto. Beatriz Mirkin es una ministra estratégica, pero no es una peronista de la primera hora ni mucho menos. El tercer candidato, en cambio, tiene simpatías con la vieja Guardia de Hierro peronista, pero sus méritos -aparte de ser primo- son haber estado siempre junto a Alperovich. Cuando fue ministro de Julio Miranda ya metía las narices en el ministerio y luego, cuando Alperovich llegó al Senado, lo acompañó a sol y sombra. Hasta en las vacaciones camina a su lado.

Tanto alperovichismo muestra que el mandatario se siente dueño de los votos, privilegio que ningún gobernador puede mostrar hoy. Pero también le deja un regusto al viejo peronismo -y al kirchnerismo-. Después de que se elija gobernador el 28 de agosto, los peronistas pueden entrar en una larga siesta y nada asegura que se despierten el 23 de octubre cuando Cristina los necesite.