La reestructuración de la deuda griega no hubiera significado la solución a los males financieros que ponen en vilo a Europa. Menos traumático resulta otro rescate, con la necesidad de que el gobierno helénico efectúe un ajuste más profundo para cumplir con lo pactado ante el bloque. La Eurozona vive momentos álgidos, no críticos, afirma a LA GACETA Alfonso Díez Torres, jefe de la Delegación de la Unión Europea (UE) en la Argentina. El embajador visitó Tucumán, en su primera incursión oficial por el interior del país. Y habló con nuestro diario sobre la crisis que le quita el sueño a los principales líderes europeos.
-¿Puede Grecia realizar los ajustes necesarios para salir de la situación en que se encuentra?
-Esta segunda ola de ajuste se presenta muy severa. Las propias autoridades griegas observan que no tienen otra alternativa que hacer el sacrificio por un interés propio. La reestructuración de la deuda griega, debido a la interdependencia que hay en Europa con la moneda única, no es una opción.
-¿Hubo errores estratégicos en la crisis griega?
-Hay una suma de factores y de causas que tienen su origen en la crisis financiera estadounidense de Lehman Brothers. Los países europeos con un endeudamiento muy alto fueron los más vulnerables, debido a que el exceso de liquidez, con un tipo de interés muy bajo, llevó a un nivel de endeudamiento más allá de los límites prudenciales. Hubo países que no tomaron eso con preocupación. Y hoy lo reconoce el gobierno griego que no fue tan riguroso con las estadísticas y que por eso se les complicó el panorama.
-Entre los más vulnerables, además de Grecia, figuran Portugal, Irlanda y España (los PIGS)...
-Hay diferencias de situación entre los países. La de España tiene otras características, porque el sistema bancario y la deuda pública están en niveles aceptables o gestionables. La deuda privada es muy distinta. Pero lo que aquí ocurre es que se está poniendo a pruebas la capacidad o las consecuencias de la interdependencia de tener una moneda única. Los efectos de un default, en definitiva, sólo afectarían a los acreedores.
-¿Cómo se sostiene a la moneda única?
-Sólo se piden ciertas recetas para enfrentar los problemas, porque una devaluación suaviza, pero no resuelve situaciones estructurales de pérdida de competitividad y de una estructura de gastos adecuada. La crisis nos pone frente a la necesidad de pasar hacia una nueva etapa en estas economías, porque el modelo anterior ya no sirve.
-Los bancos alemanes son los principales preocupados por la crisis griega...
-El exceso de liquidez provocado por EEUU ha generado estos inconvenientes. Alemania es más ahorradora que consumidora. Los países que consumieron más provocaron el exceso de endeudamiento y eso se explica porque son más exportadores que otros. Insisto, una reestructuración de la deuda hubiera significado un fuerte golpe a los bancos alemanes y franceses. Y eso hubiera aparejado una serie de riesgos muy serios de quiebra o de situación extrema para el sistema financiero europeo, porque no era una solución viable.
-¿Hay mecanismos para evitar otras crisis?
-Es cierto que la UE adolecía de un equilibrio de su política económica y monetaria. Pero se está tomando una serie de medidas importantes. Hay coordinación de políticas económicas entre los Estados miembro. Estos países renunciaron a la absoluta soberanía económica en pos de coordinar acciones en conjunto. Se evidencia más vigilancia financiera mediante mecanismos institucionales para evitar los excesos de la desregulación financiera. Los mecanismos de estabilización surgieron para rescatar a los más desprotegidos.
-¿Para cuándo se estima que la crisis puede ceder?
-El termómetro es la reacción de los mercados. Se estaban calmando un poco porque le llegan mensajes políticos muy claros. El euro es una moneda fuerte que no se va a caer. No sólo es un instrumento económico, sino la manifestación de un proyecto político. Y los mercados perciben eso. El mensaje y las medidas son importantes y la Comisión Europea fue clara en este aspecto; Grecia tenía que tomar las medidas necesarias con la solidaridad de toda Europa.
-En Europa, ¿llegó a su fin el estado de bienestar de su población?
-Estamos ante una nueva época porque hay un factor demográfico difícil de sostener: el régimen de pensiones. Y la razón es muy sencilla: aumenta la expectativa de vida y disminuye la natalidad; es decir, menos población activa para financiar a la clase pasiva. Es un fenómeno mundial que se ha unido con la crisis financiera que provocó el estancamiento económico. Un círculo maldito. Hoy en Europa, el ajuste no es objeto de debate. Se reconoce que son políticas imprescindibles para este momento. Se discute más sobre cómo distribuir la carga o el sacrificio de ese ajuste.