Lucas Ramiro Córdoba jugaba al fútbol con sus amigos. Como varias tardes de su corta vida (tenía siete años) simulaba ser rival de los chicos con los que compartía su infancia, y que estaban en el equipo contrario. Pero sabía que el verdadero riesgo estaba en la casa de Juan Dante Arévalo, un vecino del predio donde se desarrollaban los partidos. El hombre les había advertido que si la pelota caía en su domicilio, nunca la volverían a ver.

La tarde del 21 de septiembre de 2007, la pelota cayó cerca de la vivienda de Arévalo. Lucas se acercó al portón a buscarla. En ese momento se escuchó un disparo. El niño se puso la mano en el pecho. Una bala calibre 22 le había atravesado el tórax.

Arévalo tenía 72 años cuando ocurrió el hecho y fue el único imputado. Ayer, los vocales de la sala III de la Cámara Penal, Dante Ibáñez, Carlos Caramuti y Analía Ayusa, lo condenaron a ocho años de prisión, al considerarlo autor material del homicidio del menor.

La sentencia es la menor condena que el Código Penal estipula para quién infringe el Artículo 79. El condenado quedó detenido hasta que su familia pague los $ 10.000 que los jueces fijaron como fianza. Recién cuando se haga efectivo el pago, Arévalo podrá ser trasladado hacia su domicilio particular, donde permanecerá bajo el régimen de arresto domiciliario, hasta que quede firme la sentencia.

Según los testigos, Arévalo era la única persona que estaba dentro de la casa ubicada en el pasaje Finley y Eugenio Méndez, en el barrio San Cayetano, cuando ocurrió el hecho. Además, las pericias realizadas durante la investigación determinaron que tanto en las manos como en la ropa del imputado, había restos de pólvora.

El niño no murió en el lugar. Herido, cruzó corriendo la calle hasta caer vencido en los brazos de un vecino que lo auxilió. Fue trasladado al CAPS de San Cayetano, donde falleció. La autopsia señaló que la bala ingresó por el tórax y quedó alojada en el corazón de la víctima.

De acuerdo con los testigos, no existía rivalidad entre las familias. Incluso tenían una buena relación. Además, el imputado no brindó mayores explicaciones; sólo se defendió argumentando que nunca utilizó un arma. Por todo esto, no se pudo determinar el móvil del asesinato.

El fiscal Manuel López Rougués y el querellante César Paliza (h) habían solicitado 25 años de cárcel; mientras que el defensor Patricio García pidió la absolución de su cliente. Aunque se condenó al asesino, la madre de la víctima no quedó conforme. Considera que la pena fue leve para el hombre que le arrancó a su hijo menor.