A una joven la secuestran en la calle, a plena luz del día, e intentan venderla para que trabaje como prostituta. Dos presos en una comisaría vivían como en su casa y hasta quedaban a cargo de la delegación. Ahora, ¡desaparece una moto de una dependencia policial! Estos casos suenan a argumentos de películas dramáticas o comedias. Pero no lo son y, que sean hechos que se producen en Tucumán, lejos está de convertirse en algo gracioso. ¿Qué seguridad podemos esperar como ciudadanos si en los lugares donde debiera surgir la prevención se producen o cometen delitos? ¿Quién podrá defendernos si los delincuentes ahora realizan sus fechorías en las narices de los uniformados? Así, está todo mal.