El politólogo Guillermo O?Donell llamó la atención sobre algunas democracias que, bajo una aparente fragilidad institucional, esconden una tupida red de sólidos recursos informales. Las prácticas como el clientelismo y el particularismo son mecanismos de este tipo que se suelen justificar por la existencia de ciertas fallas de las instituciones formales para brindar asistencia. Pero la aceptación de altas cuotas de informalidad tiene un elevado costo: impide la acción de los controles institucionales y favorece la distribución arbitraria de los bienes políticos.
Un ejemplo de estas prácticas, sustitutorias de las vías institucionales que debieran canalizar los recursos del Estado destinados a la acción social, fue la Fundación de Ayuda Social María Eva Duarte de Perón. Las similitudes que se pueden encontrar entre la historia de esa Fundación y los avatares por los que atraviesa actualmente la Fundación de Madres de Plaza de Mayo, presidida por Hebe de Bonafini, responden a la inalterabilidad de la misma matriz clientelar característica del populismo.
Se trata de sustituir la oferta de prestaciones públicas, que se financian con los impuestos de todos los argentinos, para canalizarlas a través de redes particulares y partidistas, que le imprimen el sello indeleble de la contraprestación política. Bajo un falso manto de impunidad, que les daría su aparente fin benéfico, se pretende justificar también la falta de controles contables y administrativos en el uso de fondos públicos, con las inevitables consecuencias que esas prácticas informales tienen.
De este modo se incumple, por ejemplo, con la Ley de Obras Públicas, que establece la obligación de licitar en forma imparcial cada obra que realiza el Estado.