WASHINGTON.- El presidente estadounidense, Barack Obama, tiene previsto reducir el contingente de sus tropas en Afganistán en un 30% hasta el año próximo, cuando estará en juego su reelección. En lo inmediato (la idea sería que se concrete el próximo mes), volverían a su país 5.000 soldados y otros tantos lo harían hasta diciembre. En 2012, se retirarán 20.000 efectivos más.

Actualmente están desplegados 100.000 militares norteamericanos, a los que se suman otros 47.000 de una decena de países miembro de la OTAN.

El objetivo es traspasar la responsabilidad a las fuerzas de seguridad afganas, en especial luego de que el Gobierno de Kabul anunciara que están listas para asumir la lucha contra los talibanes y el control de zonas más conflictivas. "Habrá algunas batallas, habrá atentados suicidas y ataques con bomba, pero estamos preparados", advirtió el vocero del Ministerio de Defensa, general Mohammad Azimi, quien destacó que los rebeldes están debilitados.

Así concluirá una década de una sangrienta guerra y de esfuerzos de reconstrucción de Afganistán igualmente inconclusos, tras la invasión posterior al ataque a las Torres Gemelas del 11 de diciembre de 2001.

En diciembre de 2009, Obama anunció el envío de 30.000 soldados de refuerzo a Afganistán, pero ya había anunciado que el retiro iba a concretarse a partir de julio de este año y hasta 2014. Lo real es que el Presidente transita una delgada línea entre la lógica política y la lógica estratégica.

El conflicto se convirtió en el más largo y más caro de la historia norteamericana. En su costado económico, Estados Unidos gastará sólo en este año alrededor de U$S 120.000 millones en Afganistán, en momentos en que se producen fuertes ajustes en las gestiones locales y nacional, incluyendo despidos de empleados estatales. Y también otro político: están en juego varias promesas de campaña, cuando ya comenzó a moverse el andamiaje demócrata para los comicios de 2012.

Aún con el retiro de tropas durante este año, seguirá habiendo más efectivos en el lugar que cuando Obama asumió (enero de 2009). El secretario de Defensa saliente, Robert Gates, advirtió que el respaldo público a la lucha antiterrorista decayó después de la muerte del líder de Al Qaeda, Osama bin Laden. "Hay preocupación en el pueblo estadounidense", reconoció.

En cambio, el futuro jefe de la CIA, David Petraeus, intentó hasta el final convencer al presidente de no poner en riesgo los recientes éxitos contra los talibanes con un retiro apresurado. (Especial-DPA-AFP-Télam)