BRUSELAS.- Si no acomete más reformas dolorosas, Grecia no obtendrá el oxígeno financiero indispensable que necesita para no caer en la suspensión de pagos a corto plazo. Los ministros de Finanzas de la Unión Europea (UE) dieron en una reunión extraordinaria en Luxemburgo, un mensaje claro al primer ministro griego, Yorgos Papandreou, de visita en Bruselas para recabar la solidaridad del jefe del ejecutivo comunitario, José Manuel Durao Barroso.
Ni el próximo tramo de ayuda a su país, por 12.000 millones de euros a partir del fondo creado el año pasado por la UE y el FMI (110.000 millones), ni el segundo rescate para evitar el hundimiento, cifrado en torno a 90.000 millones (con un máximo de 120.000), serán una realidad tangible hasta que el parlamento heleno apruebe nuevas medidas de austeridad para contener las desbocadas finanzas estatales.
"Las autoridades griegas, el parlamento, deben saber que esto (el nuevo plan de ajuste de Atenas) debe hacerse. En caso contrario...", comentó el primer ministro luxemburgués y presidente del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker, sin acabar la frase.
Los puntos suspensivos finales de Juncker fueron interpretados como un recado subliminal tácito: si el Parlamento griego no aprueba los nuevos planes de ahorro, ni la UE ni el Fondo pondrán más andamios protectores en torno a las derruidas finanzas estatales griegas. El fracaso de los 17 socios del Eurogrupo, que no lograron aprobar el quinto tramo de asistencia dejó al país en una situación de mayor vulnerabilidad.
El trueque político es claro. Ayudas sí, a cambio de dos vueltas de tuerca muy duras: un nuevo plan de ajuste para ahorrar cerca de 28.000 millones de euros adicionales y un plan de privatizaciones por valor de 50.000 millones que prácticamente deja al desnudo el armazón del aparato estatal heleno.
El ministro alemán de Asuntos Exteriores, Guido Westerwelle, indicó que "las medicinas (los ajustes que pide la UE y el FMI) a veces tienen sabor amargo, pero, justamente por ello, resultan eficaces". Si todo sale según lo previsto, los 27 socios deberían aprobar el nuevo tramo de ayudas a mediados del mes que viene. Y, si todo acompaña, quedaría sobre la mesa la aprobación del segundo rescate, quizás para mediados o finales de julio.
Alemania, consciente de que juega un papel clave, como primera potencia económica de la UE y su principal contribuyente neto, cedió la semana pasada en su exigencia principal: la participación, más o menos forzada, de los acreedores privados en el segundo rescate heleno (ahora será voluntaria). Tras una reunión entre la canciller germana, Angela Merkel, y el presidente francés, Nicolas Sarkozy, Alemania cedió y con ello la presión sobre la eurozona se redujo. Pero, Berlín no está dispuesto a apearse del caballo en otros aspectos, sobre los "deberes" que debe hacer Atenas a cambio de más asistencia. "No hemos dejado a Grecia en sala de espera, pero el país debe en crear las condiciones para la aprobación del próximo tramo (de ayudas), para que sea desembolsado como ha sido acordado", dijo el ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schaüble. (DPA)