El acuerdo al que arribaron los obreros de Fotia con los industriales azucareros del CART no fue sencillo de alcanzar. El proceso resultó arduo, porque demandó tres meses de negociaciones, que incluyeron decenas de vuelos a Buenos Aires, desgastantes horas de deliberaciones y muchísimas energías consumidas, pero fundamentalmente desnudó los distintos criterios que existen en la parte empresaria.

A diferencia de años anteriores, esta vez la industria deslindó la responsabilidad de la negociación salarial a un reconocido estudio de abogados de Buenos Aires, en parte porque las paritarias celebradas en 2010 generaron fuertes malestares entre los industriales tucumanos y los del norte (Jujuy y Salta). En esencia, desde las empresas "norteñas" se había cuestionado el aumento del 34% que habían concedido sus pares de Tucumán ante Fotia, que obligó a que se tuvieran que equiparar esos valores en el debate azucarero nacional. Pero, claro, no se esgrimió este argumento cuando se decidió contratar los negociadores profesionales, para no ventilar problemas internos. Sin embargo, no hubo variaciones significativas este año con respecto a lo que pasó en 2010.

Los puntos más discutidos del planteo sindical en la presente temporada estuvo relacionado con la pauta salarial, con una exigencia de recomposición que se acercaba al 37%, y un reclamo de que al menos un 25% de los trabajadores de los ingenios sea incorporado en condición de permanente. ¿Cuál fue la estrategia que diseñaron los industriales para contrarrestar estos pedidos, que de entrada consideraba exorbitantes? En principio, se intentó una maniobra de desgaste, con paritarios de la parte empresaria que iban rotando y que estaban obligados a trasladar a sus mandantes -los industriales- cada uno de los planteos gremiales y posponer, de esa forma, la negociación. Para colmo, los sindicalistas denunciaron que los paritarios que se presentaban en determinada convocatoria del Ministerio de Trabajo de la Nación manifestaban desconocer lo que había tratado alguno de sus pares en el encuentro anterior, lo que dilataba aún más las definiciones.

La falta de avances provocó tal malestar en la dirigencia de Fotia, que en plenario de secretarios generales decidió implementar un paro por tiempo indeterminado apenas comenzada la zafra, que fue convenientemente neutralizado por la parte empresaria, a través de una conciliación obligatoria que dictó la Secretaría de Trabajo de la Provincia. En este interregno tampoco hubo adelantos en las definiciones, y cuando el final de la tregua se acercaba, una nueva conciliación obligatoria surgió, pero esta vez desde Trabajo de la Nación. Pero el malestar del sector laboral crecía a medida de que se extendían los plazos, y la amenaza de una nueva huelga que esta vez que no podría ser frenado estaba latente. De manera que finalmente los industriales tucumanos optaron por otorgar una suba salarial del 35% y un esquema de incorporación de trabajadores permanentes a los ingenios de manera escalonada, durante tres temporadas. Cuentan quienes participaron de la reunión en que se definieron estas pautas, en Buenos Aires, que un alto ejecutivo de un ingenio del norte se quejó airadamente vía telefónica por la decisión ante un industrial tucumano. Ahora, el norte debe asumir sus propias definiciones en las paritarias que llevan adelante, con el condicionante de lo logrado por los trabajadores azucareros tucumanos.

Al haberse superado la instancia salarial en Tucumán, las mentes empresarias estarán -o deberían estar- puestas en resolver las cuestiones de comercialización del azúcar, en un año que promete una superproducción, con la consigna de que quienes tienen que sentarse a discutir no se llevan nada bien.