Los procesos electorales ingresan en el cuatrimestre de las definiciones. Aún no está instalada en la sociedad la complejidad del calendario, ni tampoco se cerró del todo la oferta de candidatos. Algunas de las incógnitas se disiparán inexorablemente en esta nueva semana. Las condiciones legales explicitan las reglas para los contendientes y para los ciudadanos.
La permanencia de ciertos datos excede el almanaque electoral para adquirir una dimensión estructural. En este sentido, vale lo que escribió Rosendo Fraga en agosto de 2009, Tucumán es la más chica de las provincias grandes. Aunque lamentablemente por su cultura política se parece a una provincia chica, reflexionó en esa oportunidad, durante una entrevista publicada por LA GACETA. La cultura política se refiere a la relaciones que regulan el comportamiento de los ciudadanos, los partidos y las organizaciones estatales.
El director del Centro de la Nueva Mayoría describió entonces el cuadro institucional de los distritos de baja población. En los distritos chicos, como es el caso de Formosa, de Santa Cruz o de San Luis, tres o cuatros mandatos consecutivos no tuvieron un efecto o una consecuencia de desgaste político, agregó. En el caso de la provincia patagónica se cristalizó el modelo con Néstor Kirchner, que gobernó 12 años seguidos. Se trata de provincias en las que el oficialismo local, en general, gana , precisó.
Fraga evocó, además, el destino de Eduardo Angeloz, que afrontó un tremendo deterioro, por su tercer gestión en Córdoba. En Santa Fe y en Mendoza no hay reelección inmediata, mientras que en la Capital Federal y Buenos Aires sólo esta permitida una vez. La conclusión es que en esos distritos no hay clima social proclive a las aventuras continuistas. Prueba de ello es que José Manuel de la Sota intentará volver a la gobernación cordobesa tras el período de Juan Schiaretti, y que Hermes Binner apostó todas sus fichas por Antonio Bonfatti. El electorado les abrirá el camino al poder si les satisface las credenciales que exhiben.
Tucumán es el sexto distrito del país, con más de un millón de votantes (1.018.000). Fraga advierte que pese a esa circunstancia, es propensa a admitir las prácticas de las provincias chicas. Estas suelen tener un gobierno personalista que puede generar tres mandatos consecutivos o más, remata su diagnóstico. El caso de José Alperovich ensambla perfectamente dentro de ese análisis.
Otros rasgos
Además del personalismo que genera un liderazgo verticalista como el de Alperovich, la cultura política de Tucumán exhibe otros rasgos inquietantes. La Junta Electoral Provincial (JEP), organismo encargado de controlar el escrutinio de los comicios del 28 de agosto, en su diseño de 2006 quedó herida de muerte, por un fallo judicial de impecable factura jurídica. El nuevo formato -que aún no sancionó la Legislatura- suaviza la preminencia de los factores políticos, porque incluye dos representantes del Poder Judicial (el titular de la Corte Suprema y el ministro fiscal) y uno de la Legislatura. No garantiza, sin embargo, una labor equidistante de las pasiones políticas, porque es pública la cercanía amistosa de Antonio Estofán y del legislador Antonio Raed -que se abstendría de la re-reelección- con Alperovich.
La disidencia legislativa planteó proyectos de ley que le dan un perfil de independencia política a la JEP, pero quedarán como signos testimoniales, porque el oficialismo impondrá su voluntad.
Sugerencias desoídas
En la década del 90, el entonces presidente de la Corte Suprema de Justicia, Arturo Ponsati, había sugerido la conveniencia de instituir un juzgado electoral para que entendiera en la materia, proposición que Eudoro Araóz -titular del Colegio de Abogados- rescató hace unos días, en medio de la polémica suscitada tras la caída de la cláusula original de la JEP.
La viabilidad misma de la re-reelección de Alperovich está impugnada de inconstitucional, aunque existe escepticismo acerca del resultado final del fallo judicial.
En la Constitución de 2006, que habilitó el cauce para la continuidad del gobernador, brilló por su ausencia el pensamiento de Juan Bautista Alberdi. El ilustre tratadista había escrito en la Constitución de 1853, la cláusula que impedía la reelección inmediata del Presidente. Seguramente se hubiera tomado la cabeza ante la baja calidad de la cultura política practicada en Tucumán, por obra del verticalismo alperovichista. Pero los radicales tampoco hicieron mucho para subir el piso de esa cultura, al hacer votar a afiliados muertos en la elección interna de postulantes a legisladores provinciales. Sus antagonistas -por ejemplo Ricardo Bussi y Marcelo Caponio, secretario de Gobierno- dispararon sobre ese flanco que ofreció la UCR.
Cierto es que en los años 70 hasta hubo tiros en una convención provincial, entre adictos y rivales de Angel Gerardo Pisarello, pero este episodio no debilitó al partido frente al gobierno de Amado Juri. La diferencia estriba en que los radicales exhiben hoy una precaria unidad interna y que a sus críticas de los manejos mañosos del alperovichismo, se les contraponen maniobras también lamentables.
Jiménez vs. Mansilla
El combate por los espacios electivos registra episodios de tensión. En el mundo alperovichista. el ministro de Gobierno, Edmundo Jiménez, ventiló sus divergencias con el senador Sergio Mansilla, en un acto realizado en Aguilares. Jiménez impulsa una lista de legisladores que compite con otra encabezada por Mansilla. En la ciudad natal de este, criticó el sometimiento a los bolsones y a los manejos del intendente Agustín Fernández. El ministro político también había sacudido el ambiente a fines de 2010, al proponer a José Romero como oponente de Luis Alberto Olea, en Monteros.
Esos escarceos no desviaron la mirada de otros hechos que también marcan cambios en la vida interna del PJ. El secretario Legal y Técnico de la Presidencia, Carlos Zannini, le planteó al gobernador que Marcelo Santillán debía ser incluido en los primeros puestos de la lista de candidatos a diputados nacionales. Santillán, militante de La Cámpora, desplazaría a José López, secretario de Obras Públicas de la Nación. Este, según se dice, cuenta con la venia de Alperovich. A López le alcanzarían los cimbronazos del escándalo de la Fundación Sueños Compartidos. En el espacio duhaldista, Tiburcio López Guzmán (Cambio Popular Tucumano) no ocultó que aspira a ser diputado nacional. Julio Díaz Lozano dijo aún si pretende lo mismo ese espacio.