Ante cada nueva elección vuelven a aflorar temas polémicos que ya parecen estar institucionalizados en la política argentina. Uno de ellos es el de las candidaturas testimoniales; es decir, las postulaciones de dirigentes que no asumirán, aun cuando resulten electos.
No es un fenómeno comarcano. El propio Néstor Kirchner las utilizó en los comicios nacionales de 2009. Como táctica para sortear con éxito aquellos comicios -que se le presentaban complicados de antemano para el kirchnerismo-, el ex presidente reclamó que los intendentes del conurbano y el gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli, encabezaran las listas del oficialismo. Esto motivó que la Unión Cívica Radical (UCR) presentara una impugnación contra el ex motonauta, contra Kirchner y contra 47 jefes municipales que se postulaban para ediles. Desde el centenario partido consideraban que resultaba obvio que los intendentes y Scioli no asumirían.
El ex mandatario, no obstante, sí juró en su banca, que ocupó hasta el momento de su deceso, en octubre.
Distorsión
"Las candidaturas testimoniales son criticadas porque distorsionan el principio representativo del acto electoral. Sin embargo, no son un fenómeno nuevo. En muchos distritos, sobre todo en los más grandes, es costumbre que los partidos pongan al frente de sus listas al candidato que más votos arrastra (para) obtener más bancas y ganar la elección. Pero las más de las veces, ese cabeza de lista no tiene verdadera voluntad de cumplir su mandato", explicó a LA GACETA Julio Burdman, director del Observatorio Electoral Latinoamericano (www.observatorioelectoral.org).
A criterio del politólogo, esta táctica es más utilizada por los partidos que están al frente del Gobierno, por obvias razones: "los candidatos del oficialismo ya están ocupando cargos, mientras que los opositores aspiran a estos".
Burdman sugiere que el fenómeno se utiliza más desde la reforma de la Constitución nacional de 1994. Según precisó, la asamblea constituyente que modificó la Carta Magna aquel año introdujo un cambio importante en el ciclo electoral. "Estableció períodos presidenciales de cuatro años y una elección legislativa intermedia entre ellos", recordó. A partir de esta fecha, el especialista realizó un relevamiento que da cuenta del uso, tanto de la candidatura testimonial como de la que Burdman denomina "candidatura rana", y que refiere a un dirigente que, al poco tiempo de haber asumido sus funciones en un cargo para el que resultó electo, se postula para otro.
"Realicé una investigación sobre el comportamiento legislativo de los cabezas de lista, desde la reforma constitucional de 1994. El resultado indicó que la mayoría de los (que encabezaban nóminas), y resultaban ganadores en la elección -sobre todo en distritos grandes- no completa su mandato", puntualizó el analista.
Situación provincial
En Tucumán, las candidaturas testimoniales aparecen como una constante en las elecciones que se realizaron durante las administraciones del alperovichismo. De hecho, en el armado de las listas suele considerarse este fenómeno, a la hora de inscribir dirigentes en puestos más relegados que, debido a las licencias que se tomarán los testimoniales, terminarán ocupando una banca.
Esto quedó de manifiesto cuando el gobernador, José Alperovich, se vio obligado -por un pedido expreso de un hombre de confianza de la presidenta, Cristina Fernández- a ubicar en el noveno lugar de la lista de candidatos a legislador por el Oeste al camporista Jesús Salim. Para ello, el mandatario debió pedirle a quien ocupaba ese puesto -el secretario parlamentario de la Legislatura, Juan Antonio Ruiz Olivares- que renuncie a la postulación. Esto enojó a los dirigentes ubicados del puesto 10 en adelante, que vieron reducidas sus chances de llegar a la Cámara: Ruiz Olivares no iba a asumir como legislador (continuaría en su cargo legislativo, lo que iba a generar un corrimiento en la lista); Salim, por el contrario, sí jurará.
En la llamada "lista oficial" aparecen nombres de funcionarios, cuya permanencia en puestos clave permite sospechar que no asumirán como legisladores en caso de resultar electos. Se trata, entre otros, del senador nacional Sergio Mansilla (encabeza la nómina de postulantes legislativos por el Oeste); de la diputada nacional Miriam Gallardo (va sexta en esa lista, pero su mandato en el Congreso finaliza en diciembre de 2013); y de los ministros del Interior, Osvaldo Jaldo (lidera la lista del Este), de Educación, Silvia Rojkés de Temkin (ocupa el tercer lugar en esa nómina), y de Desarrollo Social, Beatriz Mirkin (es la sexta candidata en el Este).
En diálogo con LA GACETA, Jaldo, Gallardo y Rojkés coincidieron, en líneas generales, en que forman parte de un proyecto político y en que trabajarán por él desde el lugar en que les corresponda actuar, ya sea desde su actual cargo o desde una banca legislativa.