Ya casi no quedan políticos en el mundo que no utilicen las redes sociales como herramienta de marketing. En este país, los más entrenados usan principalmente Twitter, donde circula más información, y los menos avezados andan por Facebook, donde manda la diversión, sobre todo adolescente. En Argentina son muy pocos los políticos que saben sacarles bien el jugo a las redes tecnológicas, que no es otra cosa que comunicación entre personas, aunque por otros canales. En general, están mal asesorados: aburren difundiendo sus agendas oficiales, son poco creativos, asumen posiciones y oposiciones obvias, y debaten muy poco con la gente, a un mismo nivel, que es una de las virtudes de Twitter. La cantidad de seguidores que tiene un político es un indicativo de su popularidad o de su investidura (como en el caso de Cristina), pero este dato aislado no puede traducirse directamente en votos. Analizar la penetración y el impacto de un personaje en Twitter es mucho más complejo y sobran estudios al respecto. Lo que sí está claro es que si un candidato tiene pocos seguidores o amigos en las redes sociales difícilmente conseguirá muchos votos jóvenes.